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Razones para una nueva Constitución


1- La confrontación ideológica ha dividido en dos a la sociedad cubana en las últimas décadas, dificultando y en ocasiones imposibilitando, la apreciación de su pluralidad y diversidad. En caso de discutirse la prevalencia de uno u otro texto constitucional, a saber, el correspondiente a 1940 o el de 1976, aquellos sectores de la sociedad cubana que realmente conforman a la confrontación, se adherirían a uno u otro texto, dificultando la discusión y obstaculizando o quizás impidiendo precisamente lo que se busca, un proyecto de futuro, con aquello que se quiere superar, los déficits cubanos del pasado.[1]

 2- La idea de redactar una constitución nueva, en caso de que esta incluya la participación de todas las organizaciones y opiniones del espectro político cubano, sugiere la disposición de las fuerzas políticas a dialogar y obtener un consenso que resulte en una constitución inclusiva.

3- La Constitución del cuarenta carece de actualización, pues durante más de sesenta años ha sido, ignorada primero, y dejada sin efecto a partir de 1976. La práctica social que debía actualizarla no se produjo y se corre el riesgo de que resulte un hermoso documento que con demasiada facilidad manifieste déficits. Ello será más dramático en los primeros años posteriores a su reimplantación, que serán aquellos en que Cuba, por demás, necesitará más que nunca de una legislación actualizada.

4- La Constitución del setenta y seis tampoco ha sido puesta en práctica. La Asamblea Nacional, órgano creado por aquella como único legislador, no ha cumplido hasta el presente esa función, que ha sido en la práctica realizada por el Consejo de Estado y por el Consejo de Ministros. La práctica política cubana se ha ejercitado, en las últimas décadas, bajo tales ausencias. Los procedimientos constitucionales que el texto de 1976 pretende hacer efectivos provienen de una tradición soviética que no reconoce la independencia de los poderes del Estado, lo que si ya es un problema en los estados democráticos modernos, que teóricamente consagran esa división en sus constituciones, se vuelve  mucho más grave en la Constitución vigente en nuestro país por la concentración de poder que ofrece.

5- Una nueva constitución no debería ser interpretada como una negación de las anteriores. Las constituciones de 1940 y la de 1976 están redactas desde un estado de la ciencia del derecho constitucional superado, sobre todo en lo relativo a la consagración de derechos y garantías que hoy son de una diversidad y calidad que ninguna de las dos constituciones mencionadas toma en cuenta. El vocabulario de ninguna de las dos constituciones se ajusta al estado de la complejidad social de Cuba en el tercer milenio ni al estado de la historia cubana reciente.

6- Las décadas recientes han visto el auge de movimientos políticos y organizaciones sociales no tradicionales, como las Organizaciones no gubernamentales (ONG) y las que se desarrollan, espontáneas o no, a través de las Nuevas tecnologías de información. De igual modo fenómenos como la sociedad civil y otros enfoques de organización como los movimientos de los derechos de las minorías estaban ausentes del espectro político, al menos del modo como lo conocemos hoy, en el momento en que se redactaron las constituciones del cuarenta y del setenta y seis. Tales fenómenos sería difícil introducirlos en los cuerpos constitucionales precedentes sin que buena parte del articulado general de ellos sea severamente conmovido.

7- La situación política cubana que rodeó ambas constituciones, la de 1940 y la de 1976, es absolutamente diferente a la que presentamos en la actualidad. En la década del treinta, la que antecedió al primero de los textos constitucionales en cuestión, fue revocada la Enmienda Platt, bajo cuyo articulado se había establecido una relación con Estados Unidos que limitaba sensiblemente nuestra independencia. Aunque el texto de 1940 se redactaba bajo una absoluta soberanía formal, las prácticas políticas de entonces habían sido establecidas bajo el tutelaje estadounidense, de ahí que la colocación respecto de dicho tutelaje resultaba determinante en el posicionamiento político de entonces. Del mismo modo, el ambiente nacional en que fue redactada la constitución de 1976, con ausencia de opiniones políticas independientes del liderazgo político de entonces, y un carácter abiertamente confrontador, ya sea con las opiniones políticas divergentes así como con los Estados Unidos, y con una noción de soberanía que no excluía la presencia militar foránea y la dependencia de capital extranjero, resulta inaceptable como práctica política de una nación soberana.

8- El escenario internacional en que ambas constituciones fueron redactadas no puede ser más diferente al que encontramos en el presente. El mundo de hoy es multipolar, los países antaño emergentes son hoy potencias económicas que escatiman mercados e influencias a las potencias rectoras de la llamada Guerra Fría. Las Naciones Unidas son, casi sin excepción, las garantes en cualquier litigio internacional, lo que ha supuesto una reformulación importante de las nociones tradicionales de soberanía a favor de un poder global que hace concurrir a las naciones, al menos teóricamente, en condiciones de igualdad, cualquiera que sea su magnitud comercial, demográfica o territorial. La nueva constitución no podría ignorar estas realidades y se le impondría, entre otras, la firma y acomodamiento de las disposiciones de los pactos internacionales de derechos humanos y derechos económicos que la sociedad civil cubana demanda.

9- Cuba ha sufrido un desgaste económico y demográfico continuo, acentuado por la crisis sobrevenida a partir del fin del  socialismo este-europeo. La acentuación de ese desgaste parece irreversible mientras continúe el actual sistema de gobierno y es posible que aún sus manifestaciones incidan en el desempeño social y político varias décadas después de instaurado un sistema democrático. Una nueva constitución y su adecuación a la sociedad cubana contemporánea aparece ideal para dar expresión a estos problemas y trazar estrategias de superación.

10- Desde el punto de vista humano, la realización de un texto constitucional en que podamos reconocer la presencia de la sociedad cubana después de décadas de alejamiento del poder político efectivo, sería de gran importancia para atender la frustración presente y como un mecanismo saludable para la conciencia colectiva cubana de cara a sus retos futuros.

[1] Hay que notar que esta convocatoria no incluye, como texto a discutir, el de 1901, nuestra primera Constitución como nación soberana. La posibilidad de que sectores de la sociedad civil deseen actualizar y volver funcional y vigente este texto, no es de descartar en el caso de que se traiga a discusión un proceso semejante con la Constitución de 1940. Seguir leyendo Razones para una nueva Constitución

¿Nueva CONSTITUCIÓN?


 PORQUE:

1.-   La Constitución socialista vigente ha declarado a perpetuidad el carácter socialista de la sociedad cubana.

2.-   La corrupción existente en el aparato estatal en la actualidad es tal, que los funcionarios públicos no cuentan con la más mínima confianza ciudadana.

3.-   Hay que hacer desaparecer toda influencia ideológica de la Constitución nacional.

4.-   Parte importante de la población cubana interna y externa no verá positivamente el mantenimiento de la Constitución socialista (aún con grandes cambios).

5.-   En ciertos aspectos la Constitución de 1940 resulta muy específica a los efectos de la generalidad que debe tener el documento constitucional.

6.-   Viejas instituciones de las Constituciones de 1940 y 1992 deben quedar fuera de la Carta Magna.

7.-   Será menester —ocasionalmente— tomar tanto instituciones como artículos de otros documentos semejantes, nacionales o extranjeros, cuya presencia se ajuste y contribuya  a los objetivos perseguidos por la nueva Ley de Leyes.

8.-   Se hace necesario  reformular la orientación teleológica de la nueva Constitución.

9.-   Los artículos de la Declaración Universal de derechos Humanos deben encontrar todos reflejo en el documento que nos ocupa.

10.-    La relación entre el Derecho interno y el Derecho Internacional Público debe quedar clara e indubitablemente reflejada constitucionalmente a favor del segundo.

 

LA CREACIÓN DE UNA NUEVA CONSTITUCIÓN que conserve aquellas regulaciones de Constituciones anteriores cubanas ajustadas a los nuevos objetivos nacionales no susceptibles de desaparecer a corto plazo, deberán ser tenidos en cuenta e incorporados apropiadamente a la misma. Seguir leyendo ¿Nueva CONSTITUCIÓN?

La falacia que apela al bastón en la Constitución Cubana


¿Cuándo, como hizo muy atinadamente el Gobierno venezolano hace poco, se sentará el Gobierno cubano a dialogar de manera respetuosa con los líderes de la disidencia interna en Cuba?

La antigua y grosera falacia que apela al bastón (argumentum ad baculum) se realiza, en la Constitución cubana, de esta manera:

a) Eres libre por derecho, si defiendes mi ideología.
b) No defiendes mi ideología, no eres libre por derecho, incluso te tildo de delincuente.

Con lo cual se afirma que una ideología única garantiza los derechos humanos. Ideología única=Derechos humanos. Argumentum ad baculum: “La fuerza hace el Derecho”. “Quien no está conmigo está contra mí”

Así, el artículo 62 barre, elimina, todas las libertades y garantías constitucionales concedidas previamente en los artículos 54 al 61, etc. Si dichas libertades o derechos no se ejercen a favor de la ideología comunista y su modelo político (Estado con Poder Único, Partido Único, Sindicato Único, Monopolio de los mass media, etc), entonces los ciudadanos que decidan disentir o crear asociaciones políticas independientes del Gobierno son automáticamente calificados de delincuentes:

ARTICULO 62.-Ninguna de las libertades reconocidas a los ciudadanos puede ser ejercida contra lo establecido en la Constitución y las leyes, ni contra la existencia y fines del Estado socialista, ni contra la decisión del pueblo cubano de construir el socialismo y el comunismo. La infracción de este principio es punible.
Hay énfasis sobre el carácter ideológico obligatorio en los derechos más “peligrosos”:
ARTICULO 53. Se reconoce a los ciudadanos libertad de palabra y prensa conforme a los fines de la sociedad socialista. Las condiciones materiales para su ejercicio están dadas por el hecho de que la prensa, la radio, la televisión, el cine y otros medios de difusión masiva son de propiedad estatal o social y no pueden ser objeto, en ningún caso, de propiedad privada, lo que asegura su uso al servicio exclusivo del pueblo trabajador y del interés de la sociedad.
Y por último el violento artículo 3, que no solo condiciona ideológica y políticamente la libertad de expresión y el derecho al sufragio, al proclamar al socialismo, el Partido Comunista y el Gobierno como irrevocables, sino que, sin sutileza alguna, promueve y legaliza el enfrentamiento civil y la represión violenta a la disidencia:
ARTICULO 3 …Todos los ciudadanos tienen el derecho de combatir por todos los medios, incluyendo la lucha armada, cuando no fuera posible otro recurso, contra cualquiera que intente derribar el orden político, social y económico establecido por esta Constitución…
Claro, en la práctica cotidiana, la palabra “derribar” se convierte en sinónimo de dialogar (o intentarlo), y observar o criticar el orden político. De ahí que todos los personajes, algunos músicos incluidos, que atronan consignas y canciones delante de las casas donde se reúnen los grupos de disidentes pacíficos, se encuentran protegidos por este nefasto artículo (si es que lo conocen) y “convencidos” de su “lucha”.
No quisiera insistir en este punto al comentar el condicionamiento ideológico a la libertad de expresión artística (art. 39ch) y a la educación general (art. 39c). Baste subrayar que la DISPOSICION ESPECIAL final refuerza el carácter absolutista del gobierno, supuestamente aprobado por la mayoría de la población, la cual ¿se encuentra en conocimiento y comprensión de las leyes del país?.

Hágase una encuesta entre la ciudadanía acerca de su cultura sobre los derechos civiles y políticos. Pregúntese por sus motivaciones al firmar la reforma constitucional del 15 al 18 del mes de junio del 2002, y su juicio previo en relación con el Proyecto Varela. Permítase la realización de dicha encuesta a un organismo internacional, y publíquese su resultado en el Granma y Juventud Rebelde. Entonces hablaremos de “inmensa mayoría”, de la “casi totalidad”.
Sobra decir que el Código Penal y el Código Laboral están plagados de las mencionadas muletillas y mordazas ideológicas, que convierten en “delincuentes” a todo aquel que pretenda ejercer libremente los Derechos Humanos concedidos por la Carta Internacional de Derechos Humanos de la ONU.

Para concluir, quisiera preguntar a nuestros señores legisladores qué entienden por dignidad humana, o dignidad plena del hombre. Teniendo en cuenta que en el preámbulo a la Constitución TODOS los ciudadanos cubanos DECLARAMOS nuestra voluntad de que la ley de leyes de la República esté presidida por este profundo anhelo, ¿al fin logrado?, de José Martí: “Yo quiero que la ley primera de nuestra República sea el culto de los cubanos a la dignidad plena delhombre”; entonces ¿por qué se ponen condiciones, barreras y mordazas en nuestra Constitución al libre y pleno ejercicio de los Derechos humanos? ¿Es que la palabra plenitud cambió su significado en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española? ¿O ya la idea martiana no se comprende bien? Y en fin, ya que la oposición cubana es en esencia pacífica, defensora de la no violencia, y ha solicitado el diálogo, reitero ¿Cuándo, como hizo muy atinadamente el Gobierno venezolano hace poco, se sentará el Gobierno cubano a dialogar de manera respetuosa con los líderes de la disidencia interna en Cuba? Y añado como otro anhelo: ¿se transmitirá ese diálogo por la TV nacional como se transmitió el de Venezuela?

La Constitución de la que hice uso, entre otros documentos, puede verse y descargarse en el sitio de La Gaceta oficial de la República de Cuba. http://www.gacetaoficial.cu Seguir leyendo La falacia que apela al bastón en la Constitución Cubana

¿Por qué la Carta de 1940?


Las sociedades se atreven a afrontar los cambios con mayor facilidad cuando ya antes en el pasado los han emprendido, llevándolos a buen, o al menos regular término. A las sociedades con una preocupante pérdida de confianza en sí mismas les resulta más fácil recuperarla cuando, poseyendo una historia rica en realizaciones y logros, son capaces de volverse hacia ella. No en balde sus estudios del proceso de desaparición del Socialismo Real, llevaron a Grzegorz Ekiert a sostener: “afirmo con seguridad que la lección más sobresaliente que nos brinda la transición postcomunista es que la historia es muy importante.”

Es cierto, por otra parte, que de todos los derechos constitucionales el consuetudinario, a la manera del que hoy rige en el Reino Unido, es el ideal. Mas no creo que nadie en su sano juicio pretenda que lo mejor es que esperemos los casi mil años que les llevó a los habitantes de la mayor de las Islas Británicas producir el suyo, renunciando así a vivir desde hoy, nosotros y no nuestros descendientes más remotos, en un estado de derecho efectivo. Y es que tampoco podemos estar seguros de que ese pretendido milenio dé como resultado un estado de derecho sostenido sobre una constitución consuetudinaria.

A más de doscientos veinte años de la publicación del primer número del Federalista resulta incuestionable que ninguna institución supera a una madura tradición democrática. En una sociedad en la que no exista una bien establecida costumbre de consensuar la solución de los grandes y los pequeños problemas de poco valdrá una constitución… al menos como no sea para empezar a andar en la dirección de esa misma madura tradición democrática. Porque una constitución, dado que hemos decidido no sentarnos a esperar por la aleatoriedad de nuestro milenio, es una guía imprescindible en el camino, un referente de qué podemos o no hacer. Con una constitución los sectores más educados y con criterio político pueden, al ajustarse al espíritu de su letra, educar al resto de la sociedad; hacer ir viendo a las grandes mayorías como el someterse a ciertos límites, principalmente los que tienen que ver con la libertad particular de los demás, todos ganamos.

Por tanto necesitamos volvernos hacia nuestra historia, y además necesitamos de una Constitución, escrita. Ergo: estamos obligados a recuperar nuestra tradición constitucional; una que tuvo comienzo en el acto de Guáimaro del 10 abril de 1869. Tradición que establece que las constituciones cubanas aceptadas desde un principio como no transitorias, son redactadas, aun en medio de la guerra, por Asambleas Constituyentes electas libremente por el pueblo, y no otorgadas por gobiernos, personalidades o partidos, por más cargados de virtudes extraordinarias, méritos y buenas intenciones que puedan parecernos.

La constitución hoy vigente, la de 1976, preparada primero por comisiones del PCC, luego traspasadas por decreto al gobierno, es evidente que no puede ser incluida ni de lejos dentro de esa tradición, y por lo tanto no puede servirnos como punto de partida de nuestra vuelta a la democracia.

Porque los cubanos volvemos a la democracia, no solo transitamos hacia ella. Volvemos, porque hace poco más de 62 años vivíamos en una: La definida por nuestro más alto logro político como pueblo: La Constitución de 1940. Recuperarla, por tanto, como marco jurídico de nuestro futuro estado de derecho nos permitirá reinsertarnos en nuestra tradición constitucional; pero además tendrá un punto más a su favor, vital en nuestra situación actual de fractura nacional: Legaliza la Revolución, al menos hasta el momento del golpe de estado  a mediados de julio de 1959. O sea, que aun un amplio sector de quienes apoyan hoy al régimen podrían muy bien identificarse con una transición definida por ella.

Recordemos que la Revolución se hizo porque en la madrugada del lunes 10 de marzo de 1952 se le había pasado por arriba a dicha Constitución. Según nada menos que Mario Mencía, en la mente de las grandes mayorías que la emprendieron desde un inicio no tenía otro objetivo que volver a poner a la República bajo el cauce democrático definido por los constituyentes de 1940. De hecho el propio Fidel Castro, en su autodefensa por los sucesos de cuartel Moncada, invocó el derecho a la “resistencia adecuada para la protección de los derechos individuales garantizados”, que se refleja en el artículo 40 de aquella. Seguir leyendo ¿Por qué la Carta de 1940?

Cambio social y la perspectiva constitucional: Retos y perspectivas


Cuba se encuentra sumida en una grave crisis estructural y vivencial. Medio siglo de un fallido experimento que ha colocado a nuestra nación en un estado de depauperación material, moral y cultural hace imprescindible un proceso de profundas transformaciones que devuelva al  país a los cauces del Estado de derecho, basado en el respeto irrestricto a la integridad y dignidad de todos los ciudadanos sin distinción, amén de la incorporación de una sólida cultura constitucional y de respeto a la ley.

Muy a pesar de que a través de nuestra historia nos hemos dotado de magníficos textos constitucionales que se han convertido en objeto de admiración y referencia global, ese espíritu no logró penetrar en la conciencia y el ánimo de las clase política y de los ciudadanos; tales carencias abrieron el camino a la instauración de estructuras de poder totalitario, anulador de libertades y espacios de desenvolvimiento cívico y político.

Parece innegable que la reconstrucción nacional debe estar asentada en la más adecuada definición constitucional. Muchos de los actores políticos comprometidos con los cambios en Cuba coinciden en la trascendencia y el alcance de esta perspectiva constitucional para la adecuada transformación de nuestro país en una sociedad moderna con libertades reconocidas, justicia e igualdad.

Está vigente el debate sobre que vía debe conducirnos a esa tan necesaria restructuración institucional.

Unos actores continúan apostando por la restauración de la Constitución de 1940, bajo el criterio de que esta cuenta con todos los mecanismos instrumentales para sentar las bases de la reconstrucción nacional. Sin embargo esta opción dependería de la ocurrencia de un vacío de poder —posiblemente vinculado a un caos o estallido social para los cuales Cuba no parece estar preparada— que no creo que llegue a producirse.

Otro criterio favorece la celebración de una asamblea constituyente destinada a elaborar una nueva Carta Magna. Esta opción requiere también de la existencia de determinadas condiciones socio-políticas como la voluntad política de quien detente el poder y sobre todo de una cultura cívica y política que garantice un proceso ejemplar y un positivo resultado institucional. Considero que lamentablemente no contamos con esa cultura cívica, lo cual implica la necesidad de una profunda e intensa cruzada educativa para revertir los retrasos y lagunas que acumulamos en cuanto al conocimiento y la praxis cívico-política.

La tercera posición promueve la reforma de la constitución vigente, en un proceso que desde “la ley a la ley” vaya operando las adecuaciones que conformen un texto constitucional acorde con las necesidades de un Estado plenamente comprometido con los valores universalmente reconocidos. Esta variante reviste algunas particularidades, como son las de conceder papel determinante y alta responsabilidad a las autoridades en plaza, y las de aportar altas cuotas de gradualidad y estabilidad en el proceso.

Personalmente consideraría muy positiva la elección y establecimiento de una asamblea constituyente que nos dote de una Carta Magna acorde con nuestras necesidades y en consonancia con los más modernos avances de la teoría y práctica institucional modernas. La asamblea constituyente propiciaría la participación de los ciudadanos, los cuales se verían comprometidos como protagonistas directos en la necesaria restructuración institucional, además de convertirse en la primera elección libre y real en más de medio siglo.

En este caso sería muy importante lograr una adecuada representación en la asamblea, donde puedan estar encarnadas todas las fuerzas y alternativas que reflejen la natural diversidad de la sociedad cubana, lo cual implicaría crear condiciones de transparencia,  debate abierto,  igualdad de espacios para todos los proyectos y candidaturas. Tal escenario condicionaría que las autoridades cubanas renunciaran de plano a mucha de su hegemonía por tanto tiempo acumulada para embarcarse en un proceso de confrontación política para el cual no parecen estar preparadas.

Cualquiera de los dos primeros escenarios —la restauración constitucional o la convocatoria de asamblea constituyente— serían resultado del establecimiento de un escenario nuevo que no veo factible a mediano plazo.

A pesar del ostensible e irreversible fracaso del modelo sociopolítico impuesto por más de medio siglo, el gobierno cubano mantiene estricto control político y social. Paradójicamente, aunque las autoridades de la Isla han roto su parte del contrato social establecido y se muestran incapaces y desinteresadas en cumplir sus responsabilidades de proveer y brindar garantías jurídicas y sociales, no hay crisis de gobernabilidad en Cuba. Seguir leyendo Cambio social y la perspectiva constitucional: Retos y perspectivas