Archivo de la categoría: Luis Torres Aguililla

Nota de servicio de Talleyrand a Felipe Pérez


Estimado discípulo Felipe,

 Hurgando en los archivos municipales de una  aldea del norte de Francia, encontré el informe oficial del arresto y fusilamiento en el bosque comarcal, de dos jóvenes desertores del ejército de Bonaparte,  ya  sabrás que nunca quise llamarlo « Napoleón »,  como decía la plebe infame, porque yo siempre supe de qué corral  él provenía.

Seguramente que los dos muchachos no querían participar en lo que ellos ignoraban y que, en definitiva,  fue nuestra catastrófica invasión de Rusia  y,  sería poco decirte que cuando el susodicho enano de Ajaccio salió para siempre rumbo a Santa Elena, las madres de Francia y hasta yo mismo, dimos gracias al cielo, aunque sin reparar en que a través de la historia provocada por la sangrienta  epopeya  bonapartista, en lo adelante, sería posible advertir como una constante,  aquello de que las dictaduras  suelen  vomitar  consecuencias  inesperadas y solamente visibles a muy largo plazo.

Felipe,  el  horror de los millones de muertos,  de los miles de fusilados y de las consecuencias sociales y  económicas  del  bonapartismo, se ha convertido en un horror casi privado,  coto de los historiadores porque a fin de cuentas, al pasar de los años y a la luz de la exponencial revolución tecnológica de mi siglo, la imagen negativa de Bonaparte se atenuó en la memoria colectiva de los franceses,  tal y como se seca un higo o como se secó la sangre de sus víctimas.

Nuestro hombre pasó gradualmente de genocida a fundador objetivo de la estructura político administrativa de lo que hoy es Francia. ¡ chúpate ésa Felipito !.

Te cuento  lo anterior, pensando en tu descalabro y en el discreto y reptante Bruno Rodríguez, tu albacea circunstancial que, quizá, por no haber matado aún y mediando firmes promesas, trepe al gajo más alto de ese roble donde se menean tantos ahorcados. Seguir leyendo Nota de servicio de Talleyrand a Felipe Pérez

Las medianías de Raúl


Creo que desde que Fidel fusiló en 2003 a tres cubanos negros y pobres porque habían asaltado violentamente una embarcación llena de turistas, desde entonces, en Cuba no se ha fusilado a nadie y, si mal no recuerdo, el Tribunal Supremo ha avanzado sobre este tema a una moratoria de facto, lo cual quizá corresponda a la necesidad estratégica de anunciar que, con Raúl, habrá dictadura en Cuba pero arrimada a su realidad geopolítica y social, algo así como cuando un zapatero vuelve a sus zapatos después de una borrachera asquerosa y, efectivamente, desde hace un par de años hay ciertas señales que apuntan al fin de los delirios neronianos del Gran Celta, hoy destrozado por la rabia y el rencor.

Pero lo anterior, no da como para que olvidemos la muerte de Laura Pollán, la muerte de Oswaldo Payá, los actos fascistas de terror público que el régimen llama « actos de repudio »  y todo el rosario de vejaciones contra la pobre gente en estado de indefensión.

La Banda ha sido derrotada ideológicamente aunque se niegue a propiciar una reforma política de fondo que, tarde o temprano vendrá y la obligará, en el mejor de los casos, a compartir el poder puesto que con lujo de detalles, los cubanos saben hoy que el atentado permanente contra sus libertades públicas e individuales es un capricho sistémico, gracias al cual, La Banda obtiene magistrales beneficios a costa de una mano de obra abundante, barata y sometida por el terror político. Raúl sabe que el baboso reptante de antes del derrumbe del Muro de Berlín ya no existe en Cuba.

Y Raúl debe saber que, detrás de todo penitente aparente (con o sin sambenito), se esconde con alevosía un converso al way of life del enemigo, sí, porque el cubano, nunca fue ni será vietnamita.

En 2008, un alemán que había sido diplomático en Cuba me recomendó que observara la metodología un tanto gallega de Raúl Castro cuya deriva tenía entre otras finalidades – decía el teutón –  no cargar con la propiedad intelectual de la destrucción de Cuba. Cuatro años más tarde, no puedo menos que constatar que el ex diplomático tenía razón salvo que nuestro general-presidente, amén de su complicidad fraternal con El Ido Mayor, se queda corto como le acaba de ocurrir con esa reforma migratoria cuyo decreto es una medianía reveladora de la profunda crisis del régimen.  Seguir leyendo Las medianías de Raúl

Otra vez fuí a Roma


Mi único temor al llegar al aeropuerto de Roma-Fiumicino fue cruzarme en algún pasillo con la estampa de la princesa Mariela, hija insigne de Raúl Castro, nuestro general-presidente de cada día, pero no, gracias a Dios, la que me esperaba era Sabina, la italiana amiga que al correr hacia mí para abrazarme, tampoco esta vez reparó en que sus pechos cimbraban pesadamente en una especie de alucinante bienvenida.

A pie anduve por la ciudad, la Capilla Sixtina, el Tíber, las ruinas y las calles de Roma, todo a pie, como si hubiese estado en mi propio país porque Italia es « PATRIA NOSTRA » y tierra de gente mansa y voluntaria con un idioma que es un canto permanente.

En seis meses ahorré el dinero de este viaje para el que no necesité « carta blanca » ni permiso de nadie porque resido desde hace más de treinta años, libre de tiranos, en Francia.

El pueblo cubano, a través del actual Estado liberticida y depredador, no tuvo que pagar por mí ni un centavo para que yo fuese a Roma otra vez. Seguir leyendo Otra vez fuí a Roma

El general con su pantomima


En sus teatrales declaraciones de abril de 2009 en Cumaná ( Venezuela ), Raúl Castro dijo que estaba dispuesto a dialogar con Estados Unidos y lo ha repetido en su último discurso del pasado 26 de julio en Guantánamo pero todo el mundo sabe (incluyendo a los americanos) que nuestro general lo que está haciendo es marear la perdiz con esos señuelos en los que se han de agregar la imposible « reforma migratoria » y muchas otras burlas de su factura porque él no se puede alejar de su invariable línea vital de trasnochado dogmatismo bolchevique, por un lado, para ganar tiempo y, por el otro, para no reconocer que su discusión tiene que ser con los cubanos y no con el gobierno de Estados Unidos.

Raúl Castro ha dicho también que, los que desean su « retiro » político, andan buscando una intervención militar extranjera en Cuba, como aquella que dio al traste con la dictadura en Libia o como el apoyo logístico que reciben los rebeldes de Siria, él sabe que eso no es cierto ni posible porque si bien, los opositores que se enfrentan al régimen dentro de Cuba, son la heroica excepción que confirma nuestra realidad de cada día, el nivel de destrucción moral al que los Castro y la retahíla de paniaguados han arrastrado el país, no permite por el momento, que la gente comprenda masivamente la necesidad del interés por los asuntos públicos y así, la abrumadora mayoría del pueblo cubano, ésa, la que debe dedicar su tiempo a buscar comida y a ganarse dos reales, no tiene idea de lo que debe ser una república democrática de hombres y mujeres libres exenta de autócratas fiambrados. Seguir leyendo El general con su pantomima