Archivo de la categoría: Lazaro Castell

Otra vez Cuba por inventa


Podría afirmarse que La novela de mi vida, de Padura, causó revuelo en su momento. Recuerdo las consecuencias de promover el libro en la universidad agraria de La Habana. “Este grupo me va a corromper no puedo con ustedes…”, alegó jocosa profesora de literatura. “Yo comentando la novela de Padura en la cátedra, promoviéndola sugiriéndola a mis colegas…”

El clímax de la anécdota tiene lugar por esos días, con una visita al centro de la Doctora Ortiz de Escriba y Lea. Resulta que los miembros de la cátedra, expectantes, le piden su punto de vista. “Yo no conozco a ese señor –responde ella con elegancia refiriéndose a Padura. No obstante, les prometo leerlo para hablar del tema la próxima vez”.

Esto viene a confirmar su desacuerdo con la teoría revisionista del escritor. Si bien el plato fuerte de la trama del libro es el desencuentro de José María Heredia con el dictador, no menos trascendente es el cuestionamiento que hace el autor al canon fundacional de la nación cubana. ¿Fue el poema Espejo de Paciencia el arranque de la literatura cubana –sugiere Padura- o fue un trucaje inventado en el siglo XIX por la oligarquía criolla, para dar contenido a la teoría de la existencia de una nación culturalmente distinta a España?

En una lectura más profunda de la obra, Padura cuestiona la actualidad cubana equiparando el gesto de los oligarcas criollos, ficticio o no, a la política cultural castrista y sus pogromos para desacreditar descalificar a intelectuales desafectos al gobierno, tildándolos de anticubanos.

Y es que ya, desde esa época, resultaba difícil enmarcar a Cuba en un entorno cultural e histórico-geográfico, teniendo en cuenta su condición de última colonia. Cuba es una oveja descarriada en la historia. Mientras el resto del hemisferio forja su identidad nacional durante el siglo XIX, Cuba empieza a forjarla en el XX. Y como si no bastara, seis décadas después se desvincula de su entorno geopolítico en la guerra fría, para empezar a girar en una órbita ajena a los valores democráticos occidentales: el mundo eslavo-comunista.

Según Padura, a inicios del XIX la oligarquía criolla inventa una Cuba anterior y/o alternativa a España. Según Rafael Rojas, Martí vuelve a inventarla a fines de dicho siglo, idealizando al criollo a partir de las nostalgias desde un exilio distante. En los sesenta del siglo XX, Fidel Castro la reinventa alegando que todas las figuras destacadas de la historia, sin excepción, hubiesen sido marxistas de haber vivido en nuestro tiempo: “entonces nosotros hubiésemos hecho como ellos, y ellos hoy hubiesen hecho como nosotros”, concluye en un convulso 1968, en un debate de si la revolución comenzada un siglo antes fue burguesa o no. Seguir leyendo Otra vez Cuba por inventa

Payá y Varela, entre silencios y bullas


No entendí el gesto de mi madre. Sobre el retrato de Varela aparecido en una Bohemia a inicios de los noventa, había escrito “padre” junto al nombre y con bolígrafo, como una recordación a que Varela, más allá de un pensador, había sido un cura. Lo hizo como un gesto de íntima rebeldía, ante un gobierno que durante décadas hizo cuanto pudo por opacar la catolicidad del patriota reducido a una única frase descontextualizada: el primero que nos enseñó a pensar.

Demasiado joven yo para entender aquel gesto que se me antojó un pataleo de ahorcado. Aquel gesto que, según el canon en que me formé, restaba prestancia a la figura histórica que inútilmente pretendían venderme como relevante. Así que el primero que nos enseñó a pensar, repetía yo aburrido. Esa frase que había aprendido yo de memoria a pesar que aprender de memoria fuese el mayor de los absurdos, según reza la otra frase que cerraba una obra que, recalco, se me antojaba magra, reducida a ese par de algoritmos que sonaban a metáfora piadosa para un menguado sacerdote, cuya obra era lugar común entre tantos próceres decimonónicos mucho más relevantes, con todo y eso, opacados en su mayoría por el legado martiano. Seguir leyendo Payá y Varela, entre silencios y bullas

El cubano innoble


Así, con membrete decimonónico, podría considerarse un proyecto que pusiera en jaque la sombra abstracta que reflejan los demócratas hacia el cubano de a pie. “Ese tipo es de los derechos humanos – aquella mujer dama de blanco…”, son las etiquetas más comunes. Siempre como algo distante. Como una realidad ajena paralela, como el paso definitivo extremo que podría darse si se decidiera poner la dignidad por encima de todo, o simplemente si se secara la teta de la que se ha estado mamando, y se chocase de pronto con la realidad avasallante.

Una página web para la denuncia. Esta vez no para la raíz el tronco del problema la cabeza del pulpo, sino para el tentáculo en concreto el que se palpa a diario, el que te pisa el cayo. Que una cosa es el funcionario o el policía que se limita a cumplir leyes arbitrarias sí, pero leyes a fin de cuentas, y otra el funcionario o el policía que se encarniza, que valiéndose de su cargo su posición, arma toda una mafia para coaccionar extorsionar al ciudadano de a pie, contando con la vista gorda apoyo tácito de las autoridades. Seguir leyendo El cubano innoble

Parte VII: El fango al pecho


El campo pa los pájaros

De la siega a la siembra / Se vive en la taberna

Pueblo blanco, J. M. Serrat

Me pareció exagerado el tópico de una entrevista de Radio Nederland, a la miembro del proyecto español Abrazar la Tierra. Como dijo ella, se pueden dar casos de personas de la ciudad, que se aventuren a los pueblos en busca de trabajo agrícola como alternativa a la crisis. Pero de ahí a especular sobre un éxodo…

Soy de la opinión que es más sencillo fabricar profesionales, que fabricar campesinos. A la universidad se va con lo que se lleva puesto, que el talento y la voluntad hace el resto. Y claro, la infraestructura que la financia, ya sea el Estado, una institución religiosa o laica, y/o el bolsillo de la familia. Pero en resumidas cuentas, la plaza universitaria y las posibilidades futuras que brinda, ofrecen un atractivo de comodidad, movilidad civilidad y protagonismo, al que ni remotamente podría aspirar el aspirante a campesino, si es que la lógica admite hablar en dichos términos.

Para comenzar, un pedazo de tierra no se crea como se crea una plaza universitaria. La universidad, como espacio, es obra humana, mientras que la tierra, como espacio, es creación anterior al hombre, estática como espacio físico, imposible de fomentar multiplicar con políticas afines. Ello sin contar con que los siglos de expansión agrícola a cuestas de los bosques caducaron, se llegó al límite en la primera mitad del XX con el fenómeno medioambiental. Por lo tanto, el utópico aspirante a campesino tropezará con un escollo definitivo: no tendrá dónde ejercer una vez graduado.

La portavoz del proyecto español dejó en claro el asunto, pues Abrazar la tierra tiene más de idealismo que de objetividad. Si bien el campo necesita de jornaleros, dicha demanda se resuelve o, con inmigrantes de tránsito, o con jóvenes que buscan solventar sus estudios o sus vacaciones y se sacrifican una temporada. Una cosecha se siembra o se recoge en tres días. La lluvia, el sol y la fotosíntesis, hacen el resto. Entonces el problema a resolver sería el del arraigo, el de la alternativa rural a la urbana como empleo fijo, por lo que el jornal no pasa de ser un dedo en la llaga. Seguir leyendo Parte VII: El fango al pecho

Parte VI: El fango al pecho


Aguas inmundas

Nada como un temporal de verano, para tomar consciencia de la precariedad de los villorrios de la costa sur occidental. La mala noche esquivando goteras o chorros de lluvia que bajan del techo, la mala noche poniendo nylons sobre el televisor o los escaparates o sobre o el mosquitero, por no hablar de sacar el colchón del cuarto y tirarlo en el piso de la habitación más seca para poder dormir.

Y el mosquero que desata. No sé de donde sale tanta mosca llegan del monte, llegan de los basureros de los chiqueros, huyéndole a la lluvia. Invaden la terraza la cocina, de nada vale limpiar. Entras al baño, y más de un centenar zumbando caminándote por la cabeza la espalda, y las azoras de la cocina por la ventana, y dan la vuelta qué inteligentes y vuelven a entrar, a sacarte del paso, a meterse en el plato de comida, a posarse en el pan que estás comiendo.

Tanta lluvia desborda las zanjas, canales de drenaje que surcan el pueblo villorrio, arrasado por la indolencia y la desidia. Y para rematar se planta el viento del sur, el remanente de la onda tropical del golfo de México, que se encarna en la costa baja. Se planta se clava, y el oleaje frena el drenaje natural del terreno, y el agua rojiza que baja de los campos tierras altas desborda las fosas inunda las calles bajas, se une a la fangosa agua de mar que entra por el sur acorralando al pueblo, a los cinco mil habitantes del pueblo, haciéndolo más triste más feo más deprimente, más insalubre inhóspito de lo que ya es, que no son dos o tres días, es el doble o el triple, una semana o más pudriéndose uno en el agua infecta que da por la mitad de la pierna, que da hongos en los pies y horribles granos y erupciones en el resto del cuerpo. Seguir leyendo Parte VI: El fango al pecho

Parte V: El fango al pecho


Que el bobo lo ponga otro

Los historiadores cubanos, en el futuro, podrán organizar cronológicamente el castrismo por sus épicas batallas. Por ejemplo, la de la cosecha del boniato. El castrismo, de hecho, ha sumado a la palabrita otra etimología, además de las que ya tiene. Porque para los cubanos, batalla es algo así como la última paja mental del dictador, es decir lo último por lo que le dio. Seré más científico: batalla es el objetivo prioritario, en el cual se concentra un totalitarista en este caso Castro, por considerarlo políticamente estratégico para mantenerse en el poder.

La batalla energética, por ejemplo. Que consistió en cortar el suministro casi gratis de kerosene a la población, sustituyéndolo por electrodomésticos, acompañados de un subión de la tarifa eléctrica. Y consistió también en aquella masa “limpia” de trabajadores que tomó las gasolineras, con el objetivo de ingresar al país mil millones de dólares anuales… a través del ahorro materializado en un abrupto, pero temporal, corte de la corrupción.

Etimológicamente, las batallas de Castro son parecidas a las misiones de Hugo Chávez. Son la misma cosa con los mismos fines políticos, pero con otro nombre. Y se conectan entre sí, se ramifican.

Por ejemplo, la batalla energética, que podría insertarse en el marco de la batalla de ideas. Desde el punto de vista temporal, ambas batallas corresponden a la misma coyuntura histórica. Y desde el sentido en que, la batalla de ideas da, de hecho, contenido moral a la batalla energética. Y la batalla de ideas se extiende a Venezuela, con la producción en masa de médicos y maestros a cambio de petróleo venezolano, eje por demás de la batalla energética. Y dicha batalla de ideas se inserta en una batalla mayor llamada período especial, que consiste en el atrincheramiento de un dogma derrotado históricamente, a la espera de una milagrosa situación favorable para salir de nuevo a la luz. Por ejemplo, la elección de un castrista a la presidencia de un país petrolero, hace, aparentemente, la mezcla perfecta entre, ideas, y energía para poner en marcha dichas ideas. Seguir leyendo Parte V: El fango al pecho

Parte IV: El fango al pecho


Castropolitik

Sostener que en ocasiones en política debe bajearse al oponente, es políticamente suicida. No acatar esta posibilidad, también lo es. El quid está en el ejercicio a discreción. La masa castiga con su voto a quien no sepa crear expectativas, aunque las mismas no tengan la menor posibilidad.

En las relaciones entre países o instituciones de peso, contradecir una que otra vez determinado conjunto de valores identitarios, puede ser vital para el éxito. En la Alemania de Bismarck, se le llamó realpolitik al arte de sobrellevar ciertos flagelos, propios y ajenos, para que la convivencia transcurra sin más sobresaltos ni contratiempos de los necesarios. La realidad por encima de la teoría y la ética. El equilibrio de poderes significaba la paz, y, de hecho, la realpolitik logró contener la carrera armamentista hasta 1890, año en que Guillermo II le puso fin, en aras de un imperio alemán que desembocó en las dos primeras guerras mundiales.

Durante el tercer conflicto es decir la guerra fría, a la nueva versión se le llamó ostpolitik. Fue agenda no solo de la Alemania Federal con el bloque soviético, sino también de la Santa Sede, en aplicación de la llamada diplomacia realista (es decir, buscar la mejor situación posible, ante un gobierno contrario o abiertamente hostil). Seguir leyendo Parte IV: El fango al pecho