La sociedad civil a escena


MCMLa Cumbre de las Américas es la mejor oportunidad para Cuba. Por primera vez desde 1959, nuestro país tiene y aprovecha la ocasión brindada por la comunidad internacional para ponerse a tono con el mundo.

Repasemos. En 1985 el Gobierno cubano tuvo un excelente momento para colocar al país a la altura de lo que se avecinaba. Decidió por el contrario desaprovechar la perestroika y la ocasión abierta para detener, en algún punto, la crisis estructural del país, aunque para ello tuviere que haber reconocido la crisis estructural del modelo.

Con toda probabilidad no se hubiera salvado el socialismo si el Gobierno usaba la ocasión para transformarse, pero sí se hubiera salvado, por ejemplo, la industria azucarera. Por no hacer los cambios necesarios, no tenemos hoy ni socialismo ni azúcar.

Esta segunda oportunidad es mejor y distinta. Distinta, porque prosigue el proceso gradual de regreso a nuestro espacio geopolítico natural. Mejor, porque por primera vez se invita a todo un país a ese proceso de integración.

Ninguno de los foros en esta parte del mundo considera a Cuba entera. Ni la Comunidad del Caribe (CARICOM), ni la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) piensan en Cuba cuando utilizan el correo para abrir sus puertas al país. Para ellos se trata del “pensamiento en las alturas”, que solo reconoce a nuestra nación a través del Estado. Ni más ni menos.

Con la VII Cumbre de las Américas todo cambia. Las Américas, medio a regañadientes en su parte latina, aceptan que estén en pie de igualdad en su foro más importante aquellos que están en desacuerdo con el régimen y aquellos que lo apoyan contra todo sentido común.

Este es un desafío formidable. Fundamentalmente para la sociedad civil democrática. Allí podemos hacer lo que nos enseñaron desde pequeños en todos los niveles posibles de enseñanza y que se proyecta casi a diario en los medios de comunicación de la Isla y desde las esquinas políticas oficiales, en los más recónditos lugares de la Isla. Podemos gritar, ofender, excluir y seguir sustituyendo la discusión racional de los argumentos por la destrucción moral del adversario. También podemos decir, como nos acostumbró a hacerlo la narrativa política al uso: ellos no, nosotros sí. Es decir, podemos proyectarnos en modo negativo, agregando la queja al improperio. Pero esto no es recomendable. Seguir leyendo La sociedad civil a escena

Anuncios