Una Historia Ilustrada de la Guerra Hispano-Cubano-Americana


Es poco común que los cubanos de dentro de la Isla busquemos informarnos acerca de nuestras Guerras de Independencia en fuentes españolas. Más es en las americanas en las que casi nadie escudriña. Revise sino en las bibliografías de todos los libros sobre el tema, y a su alcance, que se hayan publicado en Cuba aún en el periodo republicano.

No voy a reflexionar en tan breve espacio sobre las razones de esta exclusión nuestra, injustificable si advertimos que ya no solo en 1898, sino desde los inicios mismos de lo que Fernando Ortiz llamó nuestra Guerra de los Treinta Años por la Independencia, debe considerarse a los EE.UU como un tercero en disputa. Ilustraré tan solo, con una fuente en concreto, lo mucho que perdemos a resultas de esa exclusión cultural premeditada: Pictorical History of Our War with Spain for Cuba’s Freedom, del corresponsal de guerra Trumbull White, libro publicado por Freedom Publishing co. cuando las armas todavía humeaban.

Aquí va a encontrar, por ejemplo, una versión americana de la Batalla Naval de Cavite. Se enterará así de que la de nuestros ideólogos, y hasta de buena parte de la historiografía cubana, es más que falsa malintencionada. No fue este el enfrentamiento sumamente desigual entre una flota de alto tonelaje y un “grupo de cañoneras”. Si se deja de lado la desafortunada práctica naval española de mantener una gran parte de la arquitectura interna de sus naves de guerra de madera, lo que las convertía en una hoguera potencial flotante, nos veremos obligados a admitir que los contendientes se encontraban en realidad a la par.

Consideremos en primer lugar que la flota española se mantuvo todo la batalla bajo la cobertura de sus baterías costeras; los americanos del Almirante George Dewey, del otro lado, carecían de semejante ventaja. Tonelaje, armamento y velocidad comparada completan nuestro argumento. No se puede más que catalogar de patraña lo de que la flota española solo se componía de cañoneras. Su nave almiranta, el Reina Cristina, era un moderno crucero de acero, de 3520 toneladas, poderosamente artillado y de velocidad comparable al Olympia, el buque insignia americano, que desplazaba 5870 toneladas. Les seguían en las respectivas líneas el Castilla y el Baltimore, de 3342 y 4413 toneladas. Los españoles completaban el núcleo de su flota con otros cinco cruceros ligeros de más de 1000 toneladas, mientras los americanos solo poseían tres naves más por encima de ese tonelaje; sus otras cuatro eran dos transportes y dos cañoneras.

Gracias a la lectura de History of… se comprenderá lo que de veras sucedió. En primer luga    r los españoles no fueron capaces de sacar provecho a su superior velocidad y capacidad de maniobra, ya que salvo honorables excepciones prefirieron mantenerse en una línea estática, bajo la cobertura de su artillería costera; y en segundo, que el fuego de sus cañones fue tan ineficiente como poco después frente a Santiago de Cuba.

Por cierto, este bien informado libro nos dará la pista necesaria para entender porque los españoles no solían atinarle ni a un acorazado de 11000 toneladas a media milla de distancia: Resulta que el disparo de un cañón de 13 pulgadas costaba nada menos que 800 dólares de la época. Toda una pequeña fortuna, la cual no logramos imaginar que la poco práctica, y tacaña administración española, hubiera llegado a permitir se gastara solo en prácticas.

No obstante, lo más valioso que sacaremos de la lectura de este libro de más de quinientas páginas, escrito en ese estilo concebido para atraparlo a uno del buen periodismo americano de siempre, es conocer qué pensaban de nosotros estos vecinitos nuestros, con los cuales nos criamos pared con pared. Traduzco para concluir dos fragmentos, en los cuales se evidencia que al menos el exitoso publicista Trumbull White, y sus muchos lectores, no sentían el altivo desprecio que algunos, aquejados de un evidente complejo de inferioridad, movidos por insanas intenciones, o ambas razones a la vez, pregonan ha sido el sentimiento americano predominante hacia nosotros, los cubanos, en todas las épocas.

“Con la muerte de Maceo la causa cubana perdió a uno de sus más fuertes sostenedores. Aparte de ser un hombre de aguda inteligencia y un general de grandes habilidades militares, poseía además el raro don del magnetismo personal, y nadie nunca siguió su liderazgo que no sintiera por él la devoción que con frecuencia da coraje a los cobardes y hace héroes en los tiempos en que se los necesita.” (Capítulo XXVII)

“La falta de municiones es una de las debilidades de los insurgentes. Coraje, habilidad y hombres dispuestos ellos los poseen en abundancia, pero la escasez de cartuchos ha interferido con muchos de sus mejor preparados planes, y les ha impedido aprovechar por sí mismos oportunidades favorables. Tres o cuatro balas por hombre es nada en acción, en especial cuando los españoles van siempre abundantemente aprovisionados. No obstante en ellos hay determinación, y como la incapacidad española se hace cada día más evidente, sienten que es solo cuestión de unos pocos meses hasta que la causa por la que han peleado con tanta bravura y por tan largo tiempo, triunfe gloriosamente.” (Capítulo XXI)

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