El 71, según Jorge Fornet


Acabo de leer uno de los libros más interesantes que se hayan publicado en Cuba en los últimos 43 años. Interesante no solo por el acontecimiento diseccionado, y por la posición abiertamente asumida desde la que se lo ha hecho, para nada coincidente con la del gobierno, sino por sobre todo por su seriedad, profundidad y amenidad. O sea, que aparte del dato nada despreciable de haber sido publicado en la Cuba de Raúl, interesa al público informado más por su rigor y claridad que por la valentía que demuestra el haberlo escrito, y más aún, dado a la imprenta; y esto es algo que se agradece hoy en Cuba, donde suele haber mucho de lo segundo, pero muy poco de lo primero entre quienes adoptamos una posición independiente o crítica del gobierno.

El 71, Anatomía de una crisis, publicado por Letras Cubanas, se enfoca en los acontecimientos que tuvieron como eje a Cuba en el año de 1971. Porque lo que se disecciona aquí la trasciende. Como constata Jorge Fornet en su Epílogo, a modo de prólogo, en las décadas de los setentas y ochentas se percibe una conservadurización intelectual, derechización según él, siguiendo a Edward Said, la cual es indudable que tiene su origen en toda una larga serie de desilusiones de la intelectualidad occidental a fines de los sesentas, entre las que la llamada Revolución Cubana quizás sea la última y definitiva.

Si consideramos que en el Capitalismo Democrático, el sistema político-económico-cultural entonces predominante, los intelectuales tienen dos funciones básicas: la primera mantener las libertades que dicho sistema ha sido el primero, y único hasta ahora en garantizar a un grado realista, y la segunda buscar vías de superar a su vez ese propio sistema, entonces podemos aventurarnos a esquematizar que durante los sesentas los intelectuales a nivel mundial se han preocupado mucho más por su segunda función que por la primera, mientras en las dos décadas siguientes el orden de prioridades se ha invertido a un punto en que incluso se ha llegado a negar la real necesidad de la segunda función. Dicho cambio de prioridades intelectuales se ha debido a que toda una serie de paradigmas político-económico-culturales en que creyeron encontrar la superación, se han demostrado muy pronto incapaces o de mantener las libertades.

Uno de ellos, claro, lo fue La Revolución Cubana de 1959; la revolución de unos jóvenes greñudos y en apariencias desenfadados en las mismas narices del núcleo del sistema que había que superar: Los EE.UU. O sea, y sobre todo en su segunda mitad, El 71 es una historia de la desilusión de la vanguardia intelectual mundial en la Revolución Cubana, y por sobre todo de la latinoamericana.

Pero El 71 es más y menos que eso. Es también la historia de los acontecimientos cubanos, en su lógica interna; los acontecimientos en una Isla en medio del Atlántico, que le dieron el definitivo empujón al mundo intelectual occidental para cambiar de mano, al menos hasta el final de la Guerra Fría.

En cuanto a la propia dinámica interna de lo sucedido en Cuba, Fornet supone que ante la carencia de una crítica al interior de la sociedad cubana, el régimen buscó la que necesitaba para corregir su rumbo en el afuera. Porque para él es evidente que ya para la fecha en que comienza su análisis, en 1966 con el ataque intelectual cubano a Neruda, el régimen ha perdido toda posibilidad de retroalimentación en la sociedad sobre la que ejerce el poder.

No obstante este argumento resulta flojo, ya que lo último que busca cualquiera que ejerza el poder omnímodo hacia el interior de su sociedad, cualquiera que por sobre todo tenga por suprema aspiración la independencia a ultranza de su voluntad de la de todo el resto del mundo, es mantener un espacio no subordinado a él desde el que se lo corrija. En todo caso, este pudo ser el espejismo que animó a algunos intelectuales europeos y latinoamericanos a acercarse, sobre todo los que creían que la evidente falta de crítica interna nacía de la incapacidad de las masas cubanas, más que de la naturaleza de un poder que cada vez las amordazaba más y más. En la realidad los regímenes semejantes al cubano, y por sobre todo el específico tipo humano que los encabeza, no buscan corrección, sino corregir a su imagen el mundo a su alrededor.

O sea, Fornet vuelve a cometer el mismo error que aquellos intelectuales, y todo por no atreverse a manosear bien al mono. Un error ridículo, ya que es evidente que él ha transgredido la clara línea que el régimen no ha estado nunca dispuesto a tolerar sea cruzada: No solo ha jugado con la cadena, sino también con el mono mismo.

Lo que en verdad el régimen buscaba era atraer a las masas occidentales, mediante el expediente de poner trabajar para sí a los líderes de la opinión pública de entonces: los intelectuales de izquierda. El plan de Fidel consistía en conseguir el apoyo de las masas de las sociedades occidentales, para a través de ellas presionar a sus gobiernos en la dirección que a él le conviniera. Este mecanismo de presión le permitiría en un final gobernar a su país sin interferencias de americanos, pero también de soviéticos.

Obsérvese, no obstante, lo paradójico de este plan: Fidel, un confeso escéptico en la democracia, cree que puede alcanzar a gobernar sin interferencias a Cuba si manipula correctamente los mecanismos democráticos de las sociedades occidentales, ¡que por tanto para él son democracias y funcionan como tal!

Fornet también se sitúa en el lugar de la otra parte. Los intelectuales occidentales u occidentalizados, que se habían acercado a la Revolución Cubana al verla como una posible vía de superación del Capitalismo Democrático, deseaban en consecuencia que el régimen demostrara su capacidad de permitir y hasta de fomentar una crítica interna. Recordemos que en los sesentas, aunque los intelectuales buscaban cumplir con una de sus funciones dentro del Capitalismo Democrático, una función que habían sobredimensionado sobre la otra, sin embargo aún no las habían reducido a solo una como ocurriría en las siguientes décadas. Pretendían superar al Capitalismo, pero sin renunciar a las libertades que este había asegurado históricamente.

Mas el régimen encabezado por Fidel Castro era incapaz de semejante liberalidad. Por sobre todo por la propia personalidad de Fidel.

En el libro se narra con bastante prolijidad el desarrollo de los acontecimientos entre 1968 a 1971. Entre enero de ese primer año, en que durante el Congreso Cultural de La Habana se llegó al momento de mayor simbiosis entre poder revolucionario e intelectuales occidentales, y abril del segundo, en que con las soberbias palabras de Fidel Castro ante el Primer Congreso Nacional de Educación y Cultura se produce el rompimiento.

Es por tanto una historia intelectual, pero cosa rara en Cuba donde los intelectuales no suelen salirse del área intelectual, no se cierra sobre sí misma. No se reduce a la complicada interacción entre régimen e intelectuales occidentales, con los intelectuales nacionales jugando a su vez un inestable, y peligroso, papel en el medio. Todo el proceso es visto también, y explicado, desde la economía, la política, y hasta la demografía: Para Fornet no solo se llegó al citado Congreso del 71 porque ya no pudo mantenerse la simbiosis, sino por, además, razones económicas o de geopolítica que obligaron al gobierno a alinearse férreamente tras la URSS. El régimen debió aceptar por entonces el fracaso de su quijotesco proyecto de exportación de la revolución a América Latina, de su arbitrista proyecto de desarrollo económico independiente, y a la vez debió enfrentar el reto de educar a una cantidad inusitada de jóvenes, los hijos del baby boom de inicios de los sesentas.

En este sentido el libro no tiene, como señala el mismo Fornet, a Heberto Padilla como el personaje principal, a pesar de que es él quien sirve para enfocar la evolución intelectual interna en Cuba. Mas tampoco lo es solo Fidel Castro. Los verdaderos protagonistas de este libro son los dos bandos en disputa, pero también la “atmósfera”: Fidel Castro como cabeza visible, y en realidad como voluntad de un régimen, y los intelectuales occidentales de izquierda, por sobre todo los latinoamericanos, ambos recortados sobre el riquísimo fondo del mundo de finales de los sesentas y comienzos de los setentas. De un lado un dictador que pretende mantenerse independiente de tirios y troyanos invocando el apoyo de la opinión pública de los tirios (los troyanos, los soviéticos, no tenían esa exquisitez, más rara por allá que el caviar); por el otro los intelectuales de izquierdas, buscando un modelo a seguir, pero también, como señala Fornet, debiéndole en buena medida, al menos los noveles, su prestigio a su alianza con la Revolución Cubana. Al fondo la Guerra Fría, las guerrillas, un país de gente joven que en su gran mayoría no tienen noción más que de “el país de Fidel”.

Un libro que se agradece, por sobre todo por lo que escribe el autor en las últimas líneas de su Epílogo:

“El 71 –el año 71- fue un punto de inflexión de buena parte de nuestra historia cultural, y continuará pesando sobre ella cuando muchos de los hechos abordados en estas páginas no sean sino anécdotas extraviadas en la memoria. El 71 –este libro- es un intento por tratar de entenderlos y de ubicarlos, desde el epílogo que es nuestro presente, en el centro de una discusión inconclusa”.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s