Las pretensiones imperiales de Rusia


La crisis de Crimea ha destapado las viejas tensiones de la Guerra Fría. Moscú quiere consolidar su salida al Mar Negro, aprovechando la debilidad que los disturbios y la inestabilidad política han creado en Ucrania. También, desde hace meses Rusia hace gala de retomar sus pretensiones sobre el Caribe anunciando negociaciones con Cuba, Venezuela y Nicaragua para el establecimiento de bases navales en esos países.

Este resucitar de la vieja vocación imperial rusa, podría degenerar en un serio conflicto bélico de proporciones insospechadas. No es nada nuevo que Rusia asuma poses de conquistador. A lo largo de su historia se observa su insaciable  sed de  expansionismo.

Desde que Oleg El Sabio crea el principado de Rus en Kiev en el año 880 d. C., se interesó por conquistar territorios. Cien años después, para el 981  bajo Vladimir I,  abarcaba una extensión desde Lituania y Polonia y lo que se conoce como la Galicia ucraniana. Más tarde Iván III El Grande (1462-1505) funda el principado de Moscú y traslada la capital a esa ciudad y por sus conquistas triplicó la extensión de ese país.  Desde esa época, Rusia tuvo gran interés en tener acceso libre hacia al Mar Báltico y hacia el Mar Negro. Algo que logró Pedro El Grande (1672-1725), llegando su territorio hasta el Océano Pacifico y en 1721 dejó de llamarse principado para oficialmente denominarse Imperio Ruso. En 1809 el imperio se anexa Finlandia hasta que se independiza de este en 1918. Con los Soviets en el poder y ya convertida en la Unión  de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), durante la II Guerra Mundial entre 1939 al 1945  se anexa una parte del territorio de Polonia, los países bálticos ( Lituania, Estonia y Letonia) y convierte en sus colonias   parte de Alemania, Checoeslovaquia, Hungría , Polonia, Rumania, Bulgaria. Y en 1961 convirtió a Cuba en su neo-colonia tras la traición del tirano Fidel Castro, quien entregó la soberanía de Cuba a la URSS, cuestión afianzada por el infame pacto Kennedy-Khuchev en 1962, dándole a Moscú una cabeza de playa en América.

Tras el desplome del bloque socialista y la desintegración oficial de la URSS el 25 de diciembre de 1991, Rusia sale de Cuba y se reconstituyen naciones que fueran absorbidas por el imperialismo ruso.

Rusia vuelve a despertar su vocación imperial. Aparte de afianzar sus intereses invadiendo a Osetia del Sur en el 2008, en un conflicto con Georgia y comenzar a revivir sus pretensiones en el Caribe, vuelve a mirar hacia Crimea, cuya base naval sostuvo a pesar de habérsele independizado Ucrania hace 22 años.

Ahora Rusia vuelve a invadir militarmente a Crimea y su clara intención es de quedarse con ella como botín de guerra. ¿Acaso con tales ambiciones imperiales, no será su objetivo a mediano plazo la conquista de Ucrania?

Su ambición imperial se extiende desde América hasta el Pacifico, donde anuncia negociaciones para establecer bases en las Islas Sybelles, Indonesia y Viet Nam. Está claro su interés por recuperarla posición hegemónica como potencia mundial que otrora tuvo bajo la URSS.

Acá en el Caribe, Cuba vuelve a ser un importante punto de interés para Moscú. El gobierno de Vladimir Putin quiere volver a contar con un portaviones fijo a 90 millas de los Estados Unidos: Su más importante rival.  Y aprovechando la expansión de regímenes anti-americanos como Venezuela y Nicaragua, busca  aumentar sus influencias y establecer puntas de lanza con bases navales en dichos países. Ya sabemos del gran número de armas que Rusia vendió al régimen del fallecido Hugo Chávez. Cada vez es más frecuente ver de unidades de la Marina de Guerra rusa navegando por las aguas del Caribe.

De no detenerse este expansionismo, veremos nuevamente la reapertura de la base de submarinos atómicos de Cienfuegos, la base de espionaje electrónico de Lourdes y la presencia de tropas rusas nuevamente mancillando el territorio nacional. Ellos saben que la mentalidad mercenaria los hermanos Castros y tienen experiencia con ellos. Saben que les vendieron la soberanía del país en la década de los sesenta a cambio de la garantía del poder absoluto y están ansiosos de repetirlo ante las inestabilidades del régimen venezolano, de donde proviene su mayor subsidio.

También conspira en contra de una solución airosa del diferendo de Crimea y en contra de la soberanía nacional de Cuba, la debilidad  en política exterior de la administración del presidente Barak Obama. Nos recuerda algo a la debilidad de Kennedy en los sesenta. Esta debilidad la conocen bien los rusos y la están explotando. Un ejemplo fue la débil reacción de Washington respecto a Siria, donde Rusia tiene una importante base naval que le otorga una presencia importante en el Mediterráneo Oriental. Rusia vetoo las resoluciones contra  Basar El Assad y sigue apertrechando militarmente al gobierno del dictador sirio, mientras la Casa Blanca se limita a simples declaraciones.

Si la administración Obama no toma posiciones fuertes que paren en seco las pretensiones rusas en Europa, el Pacifico y en el Caribe, Cuba pudiera volver a caer bajo las garras Rusas, con lo cual retrasaría enormemente las aspiraciones de libertad del pueblo cubano y debilitaría la posición internacional de Estados Unidos.

Por: Lic. Sergio Ramos

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