Otra vez fuí a Roma


Mi único temor al llegar al aeropuerto de Roma-Fiumicino fue cruzarme en algún pasillo con la estampa de la princesa Mariela, hija insigne de Raúl Castro, nuestro general-presidente de cada día, pero no, gracias a Dios, la que me esperaba era Sabina, la italiana amiga que al correr hacia mí para abrazarme, tampoco esta vez reparó en que sus pechos cimbraban pesadamente en una especie de alucinante bienvenida.

A pie anduve por la ciudad, la Capilla Sixtina, el Tíber, las ruinas y las calles de Roma, todo a pie, como si hubiese estado en mi propio país porque Italia es « PATRIA NOSTRA » y tierra de gente mansa y voluntaria con un idioma que es un canto permanente.

En seis meses ahorré el dinero de este viaje para el que no necesité « carta blanca » ni permiso de nadie porque resido desde hace más de treinta años, libre de tiranos, en Francia.

El pueblo cubano, a través del actual Estado liberticida y depredador, no tuvo que pagar por mí ni un centavo para que yo fuese a Roma otra vez.

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