Testimonio sobre la situación de un condenado en Cuba


Policías y agentes de la seguridad del Estado hacen abuso de su poder para perjudicarme hasta en lo más mínimo. He sido víctima y fui preso debido a mis ideas que no están de acuerdo con este sistema. Soy una persona que me expreso deliberadamente en cualquier lugar que me encuentre y, como ser humano, entiendo que expresar lo que uno siente no es delito sino derecho de todos.

Debido a mis ideas liberales la seguridad del estado y el jefe de sector de mi territorio se han tomado el trabajo de hacerme la vida imposible, hostigándome y maltratándome. Y si me han apartado de la sociedad involucrándome en un delito, también me han cerrado las puertas de los trabajos por estar en contra del sistema que sostiene este gobierno.

Por el delito por el que me han castigado, estoy sancionado a 8 años. Pero esto tampoco les bastó y me han trasladado a la prisión 1580, para luego enviarme fuera de mi provincia, a la prisión de Canaleta, en la provincia de Matanzas,  con el fin de que mis familiares se arrepientan de hacer un viaje lejano y costoso.

Esta es una prisión conocida como el Monstruo Blanco, donde mi vida ha empeorado. Al llegar a ella enseguida fui marcado como opositor donde me pusieron en una compañía de mayor rigor, la más mala de esa prisión, para que me buscara problemas. Canaletas está en condiciones infrahumanas, llena de calamidades, mala alimentación y falta de agua.

Está regida por oficiales que se manifiestan diciendo que aquello no es La Habana, y que en ella solo mandan ellos. Este es el recibimiento a todos aquellos prisioneros que vienen trasladados para Canaletas. Los maltratos y el continuo avasallamiento son los rasgos de esa prisión que no parece regirse por las normas establecidas por el gobierno sino por los jefes que están a cargo, y que dicen ser revolucionarios.

A los 15 días de estar en Canaletas, me llevaron para la celda y me reiteraron sus palabras de recibimiento: que allí mandaban ellos. Yo le planteé al jefe de orden interior que decir la verdad y expresar lo que uno siente de los abusos y atropellos no es delito, a lo que me contestó que si seguía hablando mal del gobierno me iban a golpear, y sin más nada que decir, fue eso lo que ocurrió: me dieron una clase de golpiza que estuve una semana sin comer.

En los dos años y 4 meses que estuve en Canaletas, pase días en la compañía y el resto en celda sin visita porque cada vez que mi familia iba, le decían que yo estaba de castigo porque era lo peor de aquella prisión.

Luego me trasladan a San Agustín, en un llamado Plan Confianza.

Mi madre fallece cuando yo estaba en Canaletas, un 30 de octubre de 2008. Nunca se me dio a conocer esta noticia, ni por supuesto puede estar en su velorio.

Testimonio de: Luis Antonio Rodríguez Isasi.

Testigo: Osvaldo Lluch Matos

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