El cubano innoble


Así, con membrete decimonónico, podría considerarse un proyecto que pusiera en jaque la sombra abstracta que reflejan los demócratas hacia el cubano de a pie. “Ese tipo es de los derechos humanos – aquella mujer dama de blanco…”, son las etiquetas más comunes. Siempre como algo distante. Como una realidad ajena paralela, como el paso definitivo extremo que podría darse si se decidiera poner la dignidad por encima de todo, o simplemente si se secara la teta de la que se ha estado mamando, y se chocase de pronto con la realidad avasallante.

Una página web para la denuncia. Esta vez no para la raíz el tronco del problema la cabeza del pulpo, sino para el tentáculo en concreto el que se palpa a diario, el que te pisa el cayo. Que una cosa es el funcionario o el policía que se limita a cumplir leyes arbitrarias sí, pero leyes a fin de cuentas, y otra el funcionario o el policía que se encarniza, que valiéndose de su cargo su posición, arma toda una mafia para coaccionar extorsionar al ciudadano de a pie, contando con la vista gorda apoyo tácito de las autoridades.

¿Qué tal una página web que saque a la luz dicha complicidad? ¿Qué tal una página web que sirva como arma objetiva, por ejemplo, al cuentapropista chantajeado por un inspector de comercio, chantajeado al estilo mafia italiana? ¿Duda alguien que eso ocurra?

Tengo un amigo que invirtió miles en una pipa, la reparó, la pintó, y ahora la engancha a su tractor y vende refresco gaseado por todo el municipio, tanto por las zonas urbanas como por las rurales, a un precio asequible. Incluso los paladares le compran para la reventa al por menor. Un contrato con la Empresa de Comercio municipal le da estatus legal, le garantiza el sirope y el CO2, y a cambio solo tiene que depositar una mensualidad. Más o menos eso es lo que pretende hacer el gobierno con las cafeterías estatales.

Pero ese es el lado A, y la cosa tiene un lado B. Por detrás del telón, a un funcionario intermedio le parece que está ganando mucho dinero, y le ha dejado caer la cascarita a nombre de su camorra. La cascarita que podría estrellarlo contra el suelo y partirle las patas al negocio. El individuo quiere su parte. Su parte, y la parte de la flamante jefa de los inspectores, por ejemplo. Y lo más lindo, que exige una cifra de tres ceros para cada capo del pan con croqueta quiero decir, cada alto funcionario implicado, de la Empresa de Comercio municipal.

De esta clase de asuntos podría nutrirse El cubano innoble. Un espada del ciudadano de a pie que esgrimir ante el funcionario o el policía corrupto. Una solución concreta para quienes se acercan a la oposición pacífica no para engrosar sus filas, sino para desahogarse, con la esperanza de hallar una puerta abierta frente a tantas puertas cerradas.

Como estatuto fundamental, El cubano innoble podría exigir plasmar el nombre del afectado en cuestión, junto al nombre del miembro o simpatizante de la oposición que recoge la denuncia. De esta forma, se evitaría el anonimato. El afectado, la víctima, deberá estar dispuesta a responsabilizarse abiertamente de lo que ha dicho, y un comité con un mínimo de nivel cultural encargarse de la depuración del texto, para evitar así las descalificaciones personales o la venganza irracional.

Se distribuirían panfletos promocionales entre los grupos vulnerables, propagándose el comienzo del fin de la impunidad por la carestía de libertad de prensa. El cubano innoble como advertencia permanente, como desenmascarador de antipatriotas según la definición del padre Varela, especuladores base de la pirámide totalitaria.

El paso final sería la información al acusado. El mismo debería saber que su nombre, de ser posible su foto, y su acto denigrante, están en la página web, y que tiene derecho a réplica en caso de que lo considere una calumnia.

El carácter pragmático de El cubano innoble, uniría a la oposición en un proyecto funcional que ningún grupo específico se atribuiría, con el cubano de a pie que necesita con urgencia de armas concretas con las que defenderse. Por otro lado, El cubano innoble obligaría tanto a funcionarios locales como a policías a obrar recto, pues si bien la población no tiene acceso a Internet, las oficinas municipales del PCC y las del Poder Popular sí, así que el funcionario corrupto sería desenmascarado, además, ante la gente honesta que, nadie dude, también milita en dichos órganos de base.

Yo desearía que mis compatriotas tuviesen siempre por norma que en la isla solo deben distinguirse  dos clases: los amigos de su prosperidad, con preferencia a todos los pueblos de la tierra, y los egoístas, que solo tratan de hacer su negocio aunque se arruine la isla. En dos palabras: patriotas y especuladores.

Tomado de El habanero, de Félix Varela

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