Parte V: El fango al pecho


Que el bobo lo ponga otro

Los historiadores cubanos, en el futuro, podrán organizar cronológicamente el castrismo por sus épicas batallas. Por ejemplo, la de la cosecha del boniato. El castrismo, de hecho, ha sumado a la palabrita otra etimología, además de las que ya tiene. Porque para los cubanos, batalla es algo así como la última paja mental del dictador, es decir lo último por lo que le dio. Seré más científico: batalla es el objetivo prioritario, en el cual se concentra un totalitarista en este caso Castro, por considerarlo políticamente estratégico para mantenerse en el poder.

La batalla energética, por ejemplo. Que consistió en cortar el suministro casi gratis de kerosene a la población, sustituyéndolo por electrodomésticos, acompañados de un subión de la tarifa eléctrica. Y consistió también en aquella masa “limpia” de trabajadores que tomó las gasolineras, con el objetivo de ingresar al país mil millones de dólares anuales… a través del ahorro materializado en un abrupto, pero temporal, corte de la corrupción.

Etimológicamente, las batallas de Castro son parecidas a las misiones de Hugo Chávez. Son la misma cosa con los mismos fines políticos, pero con otro nombre. Y se conectan entre sí, se ramifican.

Por ejemplo, la batalla energética, que podría insertarse en el marco de la batalla de ideas. Desde el punto de vista temporal, ambas batallas corresponden a la misma coyuntura histórica. Y desde el sentido en que, la batalla de ideas da, de hecho, contenido moral a la batalla energética. Y la batalla de ideas se extiende a Venezuela, con la producción en masa de médicos y maestros a cambio de petróleo venezolano, eje por demás de la batalla energética. Y dicha batalla de ideas se inserta en una batalla mayor llamada período especial, que consiste en el atrincheramiento de un dogma derrotado históricamente, a la espera de una milagrosa situación favorable para salir de nuevo a la luz. Por ejemplo, la elección de un castrista a la presidencia de un país petrolero, hace, aparentemente, la mezcla perfecta entre, ideas, y energía para poner en marcha dichas ideas.

Qué enredo. Pero no crea, que nada de esto da frutos a la larga. La batalla de ideas comienza con un castrista en el gobierno de Venezuela, y termina con la muerte de uno de los enemigos de dicha batalla de ideas en huelga de hambre. Aunque para mi acabó un poco antes. Para mí, el fin de la batalla de ideas comenzó en 2008, con el huracán que arrasó Isla de Pinos, arrasando los laboratorios a donde se clonaban los médicos latinoamericanos que desperdigarían las ideas de la batalla por todo el subcontinente.

Tremendo preámbulo qué lata, y todo para escribir sobre la más reciente batalla que no tendrá alcance nacional, pero sí local. Porque el medio ambiente no es noticia en la vitrina élite de Cuba, es decir La Habana. Pero en la despoblada costa sur occidental de la Isla, el medio ambiente es, en sí mismo, vida cotidiana.

Y yo me decanto por el enfoque de un amigo que nunca ha tomado un libro en sus manos: “tú sabes que en este país es por lo que le dé a la vieja, y a la vieja le dio por el medio ambiente”. Llega la ministra de la pesca al combinado de Batabanó con un séquito de funcionarios, sin saludar a nadie total, para la leche que da la vaca, y declara la guerra a la realidad objetiva de sus administrados, los pescadores, en aras de las ideas medioambientales de Castro el reflexionador, quien insiste en la megalómana idea de pasar a la historia como el salvador no ya de la humanidad, sino del planeta Tierra.

Los funcionarios locales, ni chistan. Habló el mesías planetario a través de la aparición   de su arcangélica ministra. Los funcionarios locales solo se miran entre sí, esperan a que la ministra salga para despacharse, y para despachar a los dos días con el pollo del arroz con pollo, con el gato a colgarle el cascabel es decir, con los pescadores.

En el comedor del combinado se proyecta un documental del MININT. El MININT está al tanto de un dato estadístico más o menos clandestino: más de medio centenar de carnicerías privadas solo en el Surgidero. Advertencias, amenazas. La pesca y la captura de la langosta debe ser regulada, en pos del medio ambiente, y en pos del bolsillo de la revolución, al que le están haciendo sombras dichas carnicerías. Advertencias amenazas, amenazas, advertencias… que se van a poner para eso.

Bernabé locuaz como siempre pide la palabra que el salario no le alcanza, que el bicitaxi hasta la fisioterapia de la suegra son 50 pesos diarios, pero ah, Bernabé, esta reunión no es para eso, dicen los subdirectores los militantes del partido el de la seguridad el policía, esbozan un fastidio ah, Bernabé, más de lo mismo, cuéntame otra cosa, aquí todos somos la misma cosa yo, tú, tú, yo, no sé por qué piensas tú que soy diferente yo, esta reunión no es para eso no somos nosotros, vino de arriba. Claro, de arriba, pensará Bernabé. Del que cree estar a la derecha del Padre.

Para los pescadores, la próxima batalla no será la de la conservación del ecosistema. Será la del perfeccionamiento del comercio de contrabando; mayor enmascaramiento, mayor simulación. El documental termina con una frase de corte militar: la orden está dada. La orden de apretar meter preso al que agarren, obvio. Y el eslogan de dicha batalla, que ya circula por la calle: “un tiempito, quieto en base. Después que pase la racha, volvemos a lo mismo. Que el bobo lo ponga otro”. Sabiduría popular, aprendida en el fragor de tantas y tantas batallas ganadas.

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