Cardenal bajo fuego cruzado


Dios entrega a los hombres voluntades visibles en los acontecimientos, texto oscuro, escrito en lengua misteriosa. Los hombres hacen enseguida traducciones apresuradas, incorrectas, llenas de faltas, de lenguas y de contrasentidos. Muy pocos espíritus comprenden la lengua divina. Los más sagaces y tranquilos, los más profundos, lo descifran lentamente. Cuando llegan al texto, la tarea está realizada. Hay más de veinte traducciones sobre la plaza pública. (Los miserables, de Víctor Hugo)

Sobrecoge la pira anticatólica. La hoguera relumbra, abrasa, con sus enconados puntos de vista. Arde la llama en la plaza pública y en los medios. Se inflama con el combustible, con la leña que echa el periodista tal, el bloguero más cual, con la leña del muchachito que, el otro día, empezó a recibir adoctrinamiento protestante. El muchachito que todavía no asimila bien la idea del amor al prójimo, ya se atreve a refrendarte en cara que el Papa es el anticristo aclamado por multitudes del que habla el apocalipsis.

Sin embargo, no es el anti-catolicismo acérrimo de los protestantes lo que sobrecoge. A fin de cuentas es su rol histórico el fungir como catarsis de la Iglesia Universal. Es el anti-catolicismo irresponsable de un sector de la oposición, lo que me pone de vuelta y vuelta.

¿Cuántos de los que han estado lanzando piedras desde sus trincheras, o frentes de batalla, se han tomado el trabajo alguna vez de dar el beneficio de la duda a la institución que ahora mismo apedrean?

Recuerdo 1993. Hambre, miseria, incertidumbre, y oportunista luna de miel del gobierno con las religiones. Recuerdo que todo este carnaval se me antojaba vacuo, deleznable, debido a la falta de compromiso social tanto de las autoridades religiosas, como de los creyentes. Entonces en medio de los shows mediáticos de Lucius Walker, en medio de los sones santeros de Adalberto y compañía, llega la carta Pastoral El amor todo lo espera.

Llega la Pastoral marcando la diferencia, cuestionando el agnosticismo a lo Imagine no religión de aquel recluta que, sine qua non, no sabía a donde estaba parado. Y llega, con la Pastoral, el beneficio de la duda.

Me enciendo cuando descubro que me han tomado el pelo. Y si la religión es rezago del pasado, instrumento de explotación de las clases dominantes cosa de gente débil armario de gente floja, tal y como rezaba el panfleto con que había sido adoctrinado desde niño, ¿cómo explicar entonces que el primer conato de rebeldía, explícita y viril, primer conato de rebeldía efectivo en el sentido de alcance mediático dentro de la isla, me llegue de la mano de once obispos?

Los shows mediáticos de los pastores, así como la gozadera de los santeros festejando en el boom de la salsa su reciente “legalización”, quedan definitivamente eclipsados.

Los últimos días han sido testigos de una descomunal avalancha de artículos periodísticos anti-católicos no precisamente de la mano del Granma, sino de los medios alternativos. Algunos, respetuosos. Otros, deplorables. Pero todos con una matriz: el desconocimiento de la naturaleza de la religión católica.

Es relativamente fácil clasificar el origen de las nieves ardientes que alimentan la avalancha. El primero de los tres afluentes, hunde raíces en el adoctrinamiento protestante. Son los menos, pero no pocos opositores simpatizan con grupos cristianos que promulgan, desde el púlpito, el odio a la religión católica, y están aprovechando la cobertura de la visita del Papa para que fluya dicha aversión.

El segundo afluente es el relativismo. El relativismo como corriente ideológica de moda a nivel mundial. “Cada cual tiene su parcela de verdad, y quien proponga una verdad consensuada para todos, queda proscrito por retrógrado intolerante”. El tercero, no es otro que el adoctrinamiento marxista. “Religión-opio del pueblo.” “Religión-instrumento de las clases dominantes.” “Catolicismo-aplastador de culturas indígenas y africanas.” Dichos afluentes se unen y hacen un río, se mezclan en el entendimiento de una sociedad que, por más de 50 años ha asistido, consciente o no, a un pogromo bien calculado de ridiculización sistemática de la fe católica sobre todo, fermentada con la más impía de las filosofías, inoculadas en el ADN de varias generaciones a través de los planes de estudios.

A medida que la oposición gana terreno por el debilitamiento del régimen, la acción del prelado luce timorata. La oposición, al pretender que la Iglesia Católica alce la parada al parejo suyo, olvida que la “oposición” del prelado no es del otro día a la fecha. La oposición pacífica de la Iglesia Católica no empezó en los ochenta como la de la oposición actual, sino que data desde el mismo enero del 59, a raíz de los fusilamientos arbitrarios del ejército rebelde, cuando “todo el mundo” era fidelista y gritaba paredón a quien disentía. Muchos de los opositores que hoy lanzan soflamas anticatólicas, en algún momento de su vida hicieron juego al gobierno y a la sistemática ridiculización de los creyentes y de la iglesia. Y resulta que ahora, en la acera opuesta, desesperan por beneficiarse de un espacio que siempre detestaron, y desde su anónimo rincón se alzan en puntas de pie e increpan a quien, desde el mismo 1959, ha estado a la vanguardia.

Sin habérselo propuesto, la oposición le hace juego al gobierno con esa actitud. Y lo más triste es que el gobierno lo sabe, y saca provecho. Al no estar en condiciones de comprender la naturaleza de la Iglesia, la esencia del catolicismo, la oposición cae presa del morbo anticatólico a lo Código da Vinci predominante en Occidente, y agita aguas que deberían estar serenas para que discurra, sin mayores contratiempos, la acción de la más antigua y constante defensora de los derechos naturales del hombre.

El gobierno, por su parte, se viste de bueno. Le da espacio al cardenal en televisión. A un cardenal que, evidentemente nervioso, se atreve a llamarlo totalitario frente a las cámaras. Al día siguiente, para contrarrestar el efecto de la indirecta y destacar su “infinita” tolerancia, el gobierno transmite un documental con representantes del resto de las religiones aupándolo, rindiéndole pleitesía, y queda el cardenal como oveja negra ante la masa escéptica y escapista que ni ve noticiero ni le interesa nada. A nadie parece molestar la rendición que el Consejo de Iglesias, al frente de judíos y protestantes, hace al dictador. Ya lo digo: el morbo es contra la Iglesia Católica. Para rematar con broche de oro, la “casualidad” quiere que un grupo de opositores poco conocidos tomen por asalto el espacio físico y moral de la Iglesia esa misma noche, para exigir lo que deberían exigir en espacios de otra naturaleza.

El trabajo está hecho. Luego de haber alimentado la pira anticatólica con berrenchines de corte marxista, relativista y protestante, muchos actores ajenos al fuego cruzado, tanto en Cuba como en el exterior se cuestionarán, vísperas de la visita papal, el carácter racional de la oposición. De esa “oposición” que violenta irresponsablemente un espacio, en lugar de servirse del mismo como es debido. Y al cardenal habrá que condecorarlo si no se vuelve loco en esta corrida, en este fuego cruzado. No sé por qué recuerdo ahora el caso de Elián González, en el sentido de lo bien que fue aprovechado por el gobierno para desacreditar al exilio de Miami.

Suponiendo como supongo que detrás de esta toma de iglesia haya una mano meciendo la cuna, la deplorable e irresponsable pira anti-católica, que arde en la plaza pública, se encargará de hacer lo que necesita toda farsa: se encargará de hacerla creíble.

Por: Lazaro Castell

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