Contra la demagogia, pista para el creador


Por: Lazaro Castell

No me cuesta mucho casi nada, meterme en el pellejo de las víctimas de la demagogia. Soy uno de ellos. Hay que vivir aquí bajo el bombardeo de panfletos de consignas, bajo el bombardeo de silencios de actitudes, de estereotipos modus vivendi explícitos o implícitos, bajo el bombardeo de películas y aventuras y días y noches, para saber para darse cuenta de que, si bien la fruta está ya podrida, para que caiga debe actuarse sobre el endeble tallo que la aferra a la rama.

Cito ejemplos de demagogia. Hasta el otro día como quien dice, la lucha contra bandidos fue, para mí, lucha contra bandidos. Ni por la cabeza me pasó el beneficio de la duda. Ni imaginar que los tales bandidos personajes negativos de las aventuras seriales de los ochenta, pudieran ser luchadores por la libertad. Tuve que esperar treinta años, para que una revista, la Encuentro, me diera la alternativa.

Lo mismo con el derribo de las avionetas Hermanos al rescate. Indiferencia era lo más que experimentaba yo al escuchar del tema. Mucho ruido y pocas nueces le pasa al que se mete en la pata de los caballos. Tuve que esperar a un programa especial de la Martí, un Cuba al día entrevistando a uno de los sobrevivientes, para arrojar luz sobre la dimensión de aquél acto criminal, para arrojar luz sobre la dimensión del papel humano que jugó, aquella organización, en la vida de los cubanos en busca de libertad.

Y del antídoto antidemagógico, nada. Mientras el régimen desde el inicio promovió la literatura el arte demagógico en su favor, los demócratas aún no nos legitimamos en estos campos. Existe una literatura de la crítica al castrismo. Existe un periodismo de la crítica un cine un teatro de la crítica al castrismo. Tenemos raperos de la crítica, tenemos trovadores tenemos rockeros, pero no un arte que represente al cubano que lucha por la democracia No un arte visible localizable, que humanice al cubano que lucha por la democracia.

Hay quien dirá que demasiado pronto. Que el despegue el desbordamiento ha sido el último lustro, que aún no ha cuajado. Yo no lo creo así.

Hubo oposición desde 1959. Las mismas guerrillas del Escambray. Qué novela qué libro de ficción, qué película qué serie televisiva, qué tema musical la retrata. O la misma invasión a Girón vista desde el bando perdedor. O el éxodo del Mariel. Existen testimonios excelentes como el de Huber Matos, testimonios como el novelado de Reinaldo Arenas, pero no alcanzan. No pueden competir imposible competir, con la mayoría de las películas del ICAIC anterior a los noventa. Imposible competir con la mayoría de los seriales de aventuras de la misma época, con los policiacos los Julito el pescador las fronteras del deber, y ni qué decir de la trova la nueva, quizás su punto culminante, el clímax de la demagogia legitimada desde la expresión artística.

En mi opinión la información, la promoción de la información, ha tocado techo en el sentido de la efectividad. Han tocado techo en cuanto a efectividad los vídeos revelando las privacidades de la oligarquía heroica. Los vídeos de protestas tomados con teléfonos celulares necesitan carecen de edición, carecen de la dramatización que pudiera darse desde la ficción para que cause el impacto que se busca causar, para que se dé el efecto antídoto a la demagogia castrista.

Más que el protagonismo que ya empieza a perfilarse en algunos escritores y artistas contestatarios, más que de su carisma, se va necesitando de su obra. Si el carisma de Cervantes hubiese sido mayor que el del Quijote, hoy el mapa de la literatura fuese mucho menos rico.

Se necesita de infraestructura. Vale la opinión de tal o mas cual artista o escritor, vale la oportuna declaración de principios de ruptura, pero no bastan. Tanto artista como escritor necesitan de espacios alternativos a los del gobierno, espacios sólidos, para llegar a donde se pretende. Tanto artista como escritor necesitan de un ICAIC, un ICRT, un ICL o una EGREM, o sea de instituciones de peso en la otra orilla que desaten, que estimulen la creación. Concursos literarios, guiones cinematográficos o de series de televisión que, podrían concebirse en la isla, e intentar realizarse del lado de allá.

No se trata de demagogia a la inversa. Se trata de dar voz al creador. Se trata de dar al creador algo más que un micrófono, una cámara o un sitio web para una denuncia. Se trata de dar pista a la obra del artista o escritor pero a la obra comprometida, para que salga volando. Digamos arte dirigido incluyente, para mitigar los efectos negativos de ese otro arte dirigido excluyente, que tiene infectada a la mayor parte de los cubanos de adentro.

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