Otro espectáculo de cuerda floja



La Fábula película, la que acabo de ver, me ha dejado vacío. Apenas entendí los diálogos. Debe ser la mala copia digital, pero lo mismo da. Otra creación otra más que avanza por la cuerda floja, la cuerda floja por la que avanza la avanzada cultural de la Isla de corcho, una cuerda atada a dos puntas, arte y mercado, una delgada precaria cuerda que debe atravesar el artista equilibrista atravesarla sin red, a metros del suelo frío y duro, la frialdad la dureza de caer en desgracia, que desgracia se llama el suelo bajo la cuerda a metros de la cuerda, desgracia se llama el suelo y el patinazo en la cuerda se llama política, que quien dé el patinazo de meterse en política, caerá al abismo de la desgracia.

La Fábula esa cumple bien el requisito. La Fábula sin animales que hablan, pero Fábula con moraleja. No vayas contra la corriente, sopla la Fábula al oído. No luches por tu dignidad por tu libertad no salves tu alma, antes piérdela, sopla la fábula al oído. Prostitúyete, prostitúyete que el cuerpo es tuyo, prostitúyete si tienes hambre, prostituye tu cuerpo que es tuyo pero también prostituye tu arte, vístete de intelectual agarra una sombrilla y avanza por la cuerda floja hasta el mercado, la fama la gloria que se gana con el sacrificio de la prostitución, la gloria que no da Dios sino el dinosaurio, la gloria que dan los tiranosaurios o sea la tarjeta blanca, la gloriosa tarjeta blanca para crear dentro del parque Jurásico que entregan otorgan los tiranosaurios, que entregan junto a la medalla de la prudencia. Y ya, esa es la moraleja. No busque más, que esa es la moraleja.

Y lo más cómico lo más lindo, que hasta los comisaurios culturales han empezado a aburrirse del tema de la Fábula. Han dicho ah, otra película otra novela sobre homosexuales, ah, otra más… Que nadie me lo dijo, que lo vi en la televisión, uno de los comisaurios ni sé el nombre ni me interesa dijo que hasta cuándo, que las novelas son lo mismo con lo mismo, las películas son lo mismo con lo mismo, el mismo tema que se repite y se repite, la misma trama de sexo cochambre relajo por necesidad, por atraer público simulador, la misma trama equilibrista entre el arte y el mercado, siempre al filo al borde del patinazo político y la caída en desgracia pero oh, milagro, el equilibrista nunca cae, porque el equilibrista tiene un comisaurio metido en la cabeza que le dice esto sí, esto no. El artista arte que nunca cae. Qué buen equilibrista. Qué bien evita la política. La evita, la evita, la evita, la evita tanto que hasta aburrió al mismo que la decreta o sea al comisaurio cultural de la UNEAC o del Ministerio, o vaya usted a saber.

Hago memoria, busco husmeo indago rastreo un arte literatura, un arte que me represente, y nada. Miro arriba, miro a la cuerda floja alta, altísima, miro al equilibrista vestido y con sombrilla, alto tan alto tan lejos de Cuba como la capital, como la capital esa capital que te llama que te quema que destruye tu calor y tu paz, esa capital que intelectualiza al equilibrista que lo trajea un traje de intelectual, de súper-intelectual que lo distinga, tan supra-intelectual que se desentiende de la masa informe que habita el abismo, ese supra-intelectual que responde a fuerzas supra-racionales, que responde a fuerzas supra-artísticas que lo inhiben lo condicionan le señalan el camino, y a la vez le cuidan lo protegen del patinazo de la política, del peligro de jugar con el mono y no con la cadena, y le enseñan amenazan señalan el abismo bajo la cuerda, el abismo del caer en desgracia.

Dónde fue a parar el arte que libera, cuándo el arte que libera se sustituyó por el arte que provoca, hasta cuándo el arte que provoca ejercerá su tiranía, su relativista tiranía, a dónde ha ido a parar la fe, cuándo el artista se desentendió de la fe, cuando empezó a pintar escribir filmar esculpir fotografiar realizar desde una cuerda floja, cuando empezó a desentenderse de la belleza, de la auténtica belleza, de la belleza que brota de la dignidad del decoro de la honradez, cuándo dejaremos de mirar arriba a los equilibristas en su meta al mercado, en su cínica meta a su tarjeta blanca garantizada y con regreso, para fijarnos en ese otro que empieza a brotar desde el abismo desde la desgracia, para fijarnos en ese otro que empieza a mirar a su otro para reconocerse para que el mundo empiece a cambiar, cuándo dejaremos de mirar a los equilibristas para fijarnos en ese otro artista que habita el abismo que dignifica el abismo, ese abismo sin bombo y platillo que empieza a brillar, ese abismo que empieza a renacer a verdear a florecer, esos retoños que pisa la bota que lo condena, que pisa pisotea y no puede no logra matar, esa esperanza que brota como la hierba no como la mala hierba sino como la buena, esa que brota sin permiso de ningún jardinero al primer palo de lluvia para alimentar al ganado, esa que estorba en ciertos jardines a cierto canon de belleza, pero que embellece los potreros, embellece las sabanas las lomas la patria, esa bendita hierba, que es en sí, la belleza misma.

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