Cuántos somos


La pregunta es casi obligada. Casi el quid el busilis, casi la esencia casi la médula, de las entrevistas efectuadas a los demócratas del patio. La escuché en 2008 a un reportero de no se cuál agencia internacional, en la primera convención del Arco Progresista. La escuché un par de años después, cuando el lanzamiento del proyecto Nuevo País, y la escucho casi todos los días en los contactos radiofónicos de la Martí con la isla. Con palabras más-menos se indaga, hay gran interés, en saber el número, la cantidad de seguidores, del grupo tal o el partido mas cual.

A más de un entrevistado se le escucha balbucear. La iniciativa, bien. Todo muy lindo todo muy bien todo perfecto, pero, la noticia está en la cifra. El resto parece ser lugar común, ser más de lo mismo, el resto de la iniciativa cae en saco roto… si la cifra no llega a los tres ceros.

Son poco los entrevistados que logran conformar al entrevistador con aquello de que, hablar de cifras en Cuba, es matar con tomates. Y esa es la curvita, ahí es a donde se pierden las agencias de prensa y algunos locutores. Es como adivinar la temperatura corporal de un enfermo con una mirada somera, sin un termómetro.

De un termómetro como metáfora, como barómetro que, en nuestro caso particular no puede, de ninguna forma, reducirse a encuestas o a declaraciones mediáticas que buscan el impacto, la noticia asequible la declaración digerible asimilable, el dato fácil de esgrimir en una discusión verbal donde, lo intangible, rezuma sospecha.

Porque lo intangible sobra en cierto periodismo. Sobra en cierto tipo de ensayo, de crónica de comentario, de artículo de opinión de entrevista en fin, que lo intangible por lo general corresponde al ámbito de la ficción. Y por supuesto que, lo intangible, sobra en las encuestas. La encuesta, para que sea encuesta, debe estar recopilada entre personas dispuestas a decir lo que piensan o sea decir la verdad. Así que hacer encuestas de corte político o social dentro de Cuba, es ignorar la sine qua non del castrismo, es decir, la vida en la mentira.

El encargado de dar la cifra se ve en aprietos. La respuesta a la pregunta necesita expandirse en un ensayo largo y tedioso, y, va, y es comprendida. Que el ensayo solo contempla el punto de vista del autor y hasta la conveniencia del mismo. La sinergia de verdad, la de verdad, la sinergia de la estadística, malamente podría ser comprendida en el exterior de la isla, desde por ejemplo una buena novela de ficción escrita por un cubano de Cuba, con disímiles puntos de vista que evolucionen a lo largo de la historia, para que cada cual se haga la idea y saque conclusiones propias.

Pero tenemos poco tiempo, se le escucha decir al locutor, que sigue buscando el impacto noticioso a sabiendas que tendrá que esperar, que aún queda camino, mucho camino por andar. El activista sabe bien que,  el 95 % de los 8 millones de cubanos que dieron su firma por la irrevocabilidad del castrismo en 2002, firmarían alegremente lo contrario en caso de que se despenalizara la discrepancia política. El activista lo sabe y el locutor también, más, no por ello, pierde la esperanza de obtener una cifra, una inmensa cifra tangible.

Por: Manuel Cuesta Morúa.

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