Regreso de la paloma herida


Llegó de Las Vegas. La de tu reputación son las primeras seis letras de esa palabra, la paloma que voló a donde hay pan. Llegó con pequeños regalos y un tatuaje en la espalda; la fotografía de la hijita que dejó en Cuba.

La que llevar a la cama era más fácil que respirar, la que se preparaba para la acción cuando se ponía la tarde en el Malecón, ha dicho llorando que ha madurado y que ha tomado una decisión. Ha dicho que ha renunciado a ser mujer para ser madre. Madre de la mulatica del tatuaje, y madre de la chicanita que, azorada, contempla la estresada familia que tiene en Cuba.

La flor nocturna de Quinta Avenida, la flor de sábanas con ojos flor de papel, ha llegado desnuda. Ha llegado perdonando, aleccionando aquella poesía lírica hostil que la juzgó menospreció. Ha llegado puro nervio puro llanto en carne viva, recordando evocando el pasado las pequeñas cosas, aquellas pequeñas cosas que la hacen llorar cuando nadie la ve. Una travesura infantil, una canción de matutino escolar.

La flor nocturna la habanera babilonia, la que no alcanzó página en la novela de Amir Valle, no denuncia como las otras. No acusa, no condena la miseria y el aburrimiento que la empujó al Malecón. No condena la miseria y el aburrimiento que la llevó a la cárcel de jineteras, la cárcel de jineteras que un par de años después la indultó en las calles mugrosas de su pueblo. La paloma que un salsero cegato trocó en bruja sin sentimientos, no juzga al tribunal que le recortó las alas para hacer de ella una obrerita aguantona. No juzga porque las alas volvieron a crecerle, y en cuanto pudo rompió las cadenas alzó vuelo de aquella fábrica, de la peste a langosta y cloro, y escapó gente tierna de aquella tierra enferma, no esperó mañana lo que no le dio ayer, tomó el camino del pueblo hebreo, y se unió al vuelo de palomas que atravesó el mar.

La que cogió camino y se perdió del Morro despreciando al obrero, la que más consejos recibió de sus jueces y menos consejos atendió, ha viajado a sus raíces. Está aquí, ahora mismo, y toda ella es una lección de amor infinito.

La que un día perdió la latitud, la condición y el nombre, ya la recuperó. Ahora solo tiene perdida la memoria. No recuerda cuánto sufrió cuánto la hicieron sufrir. No recuerda cuánto arriesgó por la libertad que tiene ahora. Demasiado llana demasiado simple, demasiado ingenua y bruta para asimilar entonces en aquella época, lo que duele el desarraigo. Demasiado simple para comprender que sin su pueblo blanco colgado de un barranco, la felicidad iba a ser agua entre los dedos.

Pero dio el paso apostó, desafió al mundo por su libertad, y a lo hecho pecho. La que más consejos recibió y menos consejos atendió, ahora es un testimonio vivo. De pronto llora y de pronto ríe, y solo dice cosas lindas. La nostalgia la desborda, y solo tiene ojos para lo bello.

La flor nocturna de Quinta Avenida la paloma que voló a donde hay pan de la tierra, ha regresado con pan pero con el pan de los cielos, toda ella es un vivo un vivo mensaje de amor.  Ya nadie puede aconsejarla. Ya nadie se atreve a aconsejarla.

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