La décima es cosa de viejos


Frank Zappa definió el underground de este modo: “La Cultura Oficial sale a tu encuentro, pero al Underground tienes que ir tú”. Eso hice. Indagué, investigué inquirí, pero fue inútil. Hay escritores underground, poetas underground, trovadores underground, raperos pintores escultores performistas teatristas cineastas en fin, que hay de todo en las catacumbas del arte cubano. De todo, menos repentistas de la décima campesina.

Para provocar, para estimular espolear incitar el debate, afirmo que la décima campesina es cosa de viejos. Mire usted Palmas y cañas. Cincuenta años y sigue ahí, ahí, ahí. Lo mismo con lo mismo. Un fósil del quinquenio gris.

Da pena tanto talento sin voz propia, tanto talento joven y no tan joven repetir hasta la saciedad esquemas y consignas propios de los años setenta. Pena da tanto falso entusiasmo por la CPA tal, la CCS mas cual, y por el aniversario de la ANAP y de la ley de reforma agraria, y pena da tanta loa a una política rural que, para lo único que ha servido, ha sido para aniquilar el orgullo campesino. Los jóvenes no quieren ser guajiros.

El estanco del campo cubano se refleja en su arte insigne, y viceversa. Cada vez la patria se hace más urbana, más Habana, más capital más ciudad cosmopolita que mira al mundo, más ventana que se abre se vende al mundo al mejor postor, más inquilino que pinta la fachada, mientras al patio se lo come la hierba. Cuba es la Habana y lo otro área verde. Solo que un antiguo jardín área verde de vegas y cañaverales, hoy por hoy abandonado a la maleza impenetrable con espinas. El que tiene un amigo que ya no tiene un central, sino un hotel cinco estrellas en la ribera atlántica.

Y si no vaya usted a las radionovelas republicanas para que tome nota de la época dorada de los campos cubanos. Vaya usted e indague por las radionovelas que globalizaron la isla antes de la globalización, vaya y observe que no pocas de ellas transcurrían en el campo. Hoy por hoy, el ciento por ciento tiene lugar en la capital. Ya no son los tiempos de Dora Alonso, Delia Fiallo o Félix B. Caignet. El campo no vende. La vida en el interior de la isla, es poco menos que un lugar común que hay que evitar para no morir de aburrimiento.

Los poetas repentistas, los que deben representar al campesinado, no lo están haciendo. Tengo en mis manos el semanario Mayabeque del 6 de enero, y en la página cultural hay cinco décimas firmadas por importantes cultores. Cinco décimas adulonas dedicadas todas al triunfo castrista de enero, y una más arriba dedicada a los cinco espías.

Para provocar, estimular espolear el debate, reto a mi interlocutor a que me busque, me oriente me de un testimonio me convenza me diga dónde están los repentistas campesinos comprometidos con la realidad lo problemas reales del campesinado. Lo reto a que me facilite un vídeo, quiero ardo en deseos de ver una controversia underground, una acalorada controversia de verdad, de las buenas, a donde el campesino alce su voz en la voz del repentista, a donde se queje denuncie la maloja de restricciones que le impiden avanzar, a donde se queje denuncie la desaparición casi total del transporte público en la zona rural, a donde denuncie se haga eco del éxodo joven del campo, de la proliferación de la plaga de matarifes en fin, de su lamento borincano. Lo reto, y le juro que es un reto que quisiera perder.

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