Demanda Ciudadana


El año 2012 marca el centenario de la matanza de varios miles de miembros del Partido Independiente de Color, ordenada por el entonces presidente Mayor General José Miguel Gómez, hecho que constituye una mancha fratricida en nuestra historia y una zona de silencios y tergiversaciones historiográficas que dañan  profundamente nuestra percepción de identidad.

La llamada “historiografía revolucionaria” tiene inconmensurables y profundas lagunas que deben ser salvables cuanto antes.

La restauración y reinstalación del  monumento que en su momento se autodedicó José Miguel Gómez continúa irguiéndose como un escandaloso baldón de deshonor para la nación cubana, como una provocadora ignominia a la historia de la afrodescendencia, a sus aportes a la nación, a su origen afro, a la propia África, y es una vejación a los afrodescendientes cubanos de hoy. Al mismo tiempo, es una incongruencia con la prioridad mostrada por la política exterior del gobierno de Cuba, que hace prevalecer, entre sus ejes de política exterior, sus relaciones con sus homólogos del continente africano. 

Cuando el actual general-presidente dela Isla, Raúl Castro, señala públicamente al racismo entre las desvergüenzas reinantes en la sociedad cubana, que asegura no es institucional, se yergue como una de las más notables vergüenzas mencionadas el remozado monumento al asesino de patriotas negros, a quienes debió ver como a hermanos. Esto revela también la  naturaleza institucional del racismo, que estructuralmente no puede ser aplicado sino por quienes detentan el poder.

 En la Islacelebramos un “día de la latininidad”, un “día de la hispanidad”, pero nunca hemos tenido un “día de la africanidad” ni de la “afrocubanidad”.

Hasta el presente se ha pretendido hacer creer a la afrodescendencia cubana que reivindicarnos nuestro protagónico lugar en la historia patria es intentar desunir a la nación, pretendiendo con ello, en un intento logrado de desvirtuar todo contenido categorial, travestírsenos en “apátridas”, “anticubanos”, “traidores” y “desagradecidos”,y en “contrarrevolucionarios”.  

Si se quiere alcanzar algún grado de verosimilitud en la lucha que ahora aseguran proponerse contra el racismo y los prejuicios que de este forman parte, harían bien las instituciones creadas a tales efectos, en la UNEAC, la Biblioteca Nacional, el comité central del PCC, etc., en replantearse las imágenes que en cada plaza pública o privada del país, por recóndita que sea, expliciten el racismo implícito en cada uno de nuestros accionares y pensamientos.

Las imágenes son parlantes, pueden transmitirnos mucho más que las palabras. Entonces, pensemos:

… ¿Dónde está el monumento a José Antonio Aponte, primero en esta isla en levantarse organizadamente contra el orden colonial, por la independencia y el fin de la esclavitud?

… ¿Dónde está el monumento que nos perpetúe en la memoria nacional a los mártires de la Conspiración de la Escalera o a los abakuás inmolados en suicida intento de rescate de los asesinados estudiantes de medicina, a esos hombres negros que aquel día fueron los únicos que defendieron el honor de la incipiente nación de negros-mestizos y de blancos?

… ¿Por qué no se nos permite erigir templos religiosos a los afrocubanos que sostenemos esa parte tan importante y consustancial de la cultura nacional que son nuestras afroreligiones, una de las cuales,la Reglade Ocha o Santería, constituye, ─en ello coinciden muchos estudiosos─, la única religión verdaderamente cubana?

Muchas otras interrogantes y cuestionamientos podrían hacerse al respecto. Consideramos suficientes las aquí expuestas para demandar ala Asamblea Nacionaldel Poder Popular, con derecho natural y ciudadano, la eliminación del inmerecido monumento al ex presidente José Miguel Gómez. No se trata de borrar ni de ocultar las aberraciones de nuestra historia patria, sino de enmendarlas, de no presumir de estas, de ir haciendo a un lado los errores y  horrores para que nunca más se repitan. 

Esta medida constituiría una inequívoca señal de justicia histórica, de reivindicación y homenaje a los miles de africanos y descendientes que entregaron su sudor y su sangre a la causa de la emancipación nacional y un paso importante en el camino de instaurar los fundamentos de igualdad y fraternidad nacional anhelados por tantos años

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