¡Que Nadie Toque Nada!


Fernando Sánchez López

García a Pedro Pablo Oliva, y quizás el más importante pintor cubano de las últimas décadas.

La comparecencia de ese querido y respetado artista de la plástica en el programa “La tarde se mueve”, se produjo el 25 de diciembre de2010, a través de una radio de Miami, a raíz de una de las numerosas visitas que realiza el mencionado periodista a Cuba.

Mas allá de lo que representa Pedro Pablo Oliva para nuestro país y para todos los que amamos el arte en cualquiera de sus manifestaciones, sería bueno analizar algunos aspectos que a mi juicio sobrepasaron el marco periodístico. Edmundo García trató, insistentemente, de convertir el encuentro con el maestro en otro de los tantos programas que dedica a promover y defender “la obra de la revolución”.

El hecho de que antepusiera sus simpatías personales por el régimen cubano y sus dos principales líderes, demuestra una in conexión tremenda con lo ético y hace poco creíble su pretendida imagen de comunicador honesto e imparcial. Su insistencia, utilizando medias verdades, para acusar a los Estados Unidos de aplicar históricamente políticas injerencistas  contra Cuba, hace que su intención comunicadora se desplace, cínicamente, hacia la vileza.

Nada tengo en contra del Sr. Edmundo García, por el contrario, creo que tiene todo el derecho de defender su “revolución” con toda la agudeza de su intelecto, pero Edmundo, como otros de sus compañeros, tuvo la oportunidad de escoger o de ser escogido para trabajar en los Estados Unidos de América, concretamente en Miami, y desde allí defender lo indefendible.

En estos 50 años no ha existido en Cuba  tradición democrática ni tolerancia con el diferente, será por eso que los cubanos  no aceptamos que un representante de la prensa oficialista ejerza, sin problema alguno y con absoluta libertad, en un país considerado enemigo por el gobierno dela Habana  y por el propio Edmundo.

En contraste, decenas de periodistas extranjeros han sido expulsados de nuestro país, simplemente porque el gobierno ha visto con malos ojos la objetividad de los que escriben sobre la realidad cubana. Asimismo los profesionales de la pluma y el micrófono que, hoy defienden el régimen castrista desde Miami, han salido de este país por las mismas razones que lo han hecho alrededor de 2 millones de cubanos, lo cual es aun más sospechoso.

Cinco meses después de la entrevista, la impotencia y la cólera nos invadió cuando supimos quela AsambleaProvincialdel Poder Popular de Pinar del Río, apoyada en la acusación de un delegado fantasma contra el maestro y delegado Pedro Pablo Oliva, basada en supuestos vínculos con la “contrarrevolución”, acordó destituirlo de su mandato y cerrar su Casa Taller.

Han frustrado diez años de intenso trabajo, de sacrificios, de tiempo y  dinero invertidos  por un hombre y artista de talla extra, cuyo único delito fue brindarle una contribución  cultural y social a su pueblo que tanto ama y que no está dispuesto  abandonar.

La Casa Taller Pedro Pablo Oliva contaba con un Centro de  Documentación de Artes Plásticas, que entre sus funciones brindaba información de todo tipo, entre ellas filosóficas. Contaba también con una Cinemateca, otorgaba premios anuales a artistas e intelectuales de la provincia; su pintura permanentemente expuesta al servicio del pueblo, en fin un verdadero complejo cultural sin ánimo de lucro.

Me gustaría conocer el criterio y los argumentos de Edmundo García, después de conocer cuanta ignominia ha caído sobre la cultura cubana por la arbitraria medida. ¿Serán esos los cambios que dejó entrever Edmundo, cuando a una de sus preguntas Pedro Pablo le respondió tajantemente que no tenía esperanzas refiriéndose a esos cambios? ¡Cuanta razón tuvo el maestro!

Perdonen mi insistencia pero se me hace muy dudoso que, a casi 6 meses de la entrevista y  en este mes de junio que se conmemoran 50 años de la reunión del gobierno con los intelectuales y artistas cubanos, los delegados dela Asamblea Provincialde Pinar del Río hayan tomado la infausta medida de cerrar un proyecto tan loable, obstruyendo, a todas luces, el desarrollo cultural del pueblo pinareño.

Para mí el mensaje es muy claro. Hoy, al igual que desde 1961, el régimen cubano continuará dictando la política cultural del país, al menos hasta que, por ley de la vida, desaparezca quien la implantó. Cincuenta años después no hemos podido quitarnos de encima lo que ha traído consigo el lema con que terminó esa tenebrosa reunión: “Con la revolución todo, contra la revolución nada”. O lo que es lo mismo: “Que nadie toque nada, yo solo puedo tocar”.

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