Misión Cumplida…


Leonardo Calvo Cárdenas.

    Historiador y politólogo

Con demasiada frecuencia podemos ver a través de los medios de difusión nacionales los recurrentes e interminables reportes sobre las “misiones” que cumplen muchos profesionales cubanos “de la salud, la educación, el deporte y otras ramas” en los más disímiles rincones del planeta. El discurso oficial pondera hasta la saciedad tales incursiones como la muestra más definitoria de la calidad humana y profesional de los especialistas cubanos y la superioridad de su sistema, manifestada en esa forma superior de solidaridad. 

La vocación y el ansia de trascendencia y alcance hegemónico global de las máximas autoridades de la isla son originarias e inveteradas y se manifiestan, al menos en el discurso y las pretensiones, con la misma vehemencia tanto en aquellas épocas pretéritas y gloriosas en que su liderazgo y prestigio las convertían en referencia y paradigma, como en los tiempos que corren donde lo obsoleto e inviable del modelo hacen que se mantenga como objeto de alineamiento sentimental de algunos, pero que sea desechado como alternativa y modelo aun para esos “camaradas” que a través de la tantas veces despreciada vía electoral van llegando al poder en el subcontinente.

Ese expansionismo revolucionario comenzó a manifestarse desde la inauguración  misma del nuevo poder, porque la  revolución fue exportada en forma de violencia insurreccional a todos los rincones del mundo. Lugares tan disímiles comola Venezuelademocrática de Rómulo Betancourt, que tanto había ayudado a los luchadores antibatistianos ahora en el poder, el lejano Congo o la enigmática Bolivia fueron algunos de los escenarios de sonados fracasos de esas incursiones que intentaban reproducir en cualquier llano, selva, o altiplano la experiencia cubana.

Durante mas de tres décadas el gobierno cubano, a través de sus bien entrenados soldados y oficiales, participó en mas guerras regulares que muchos miembros de los bloques militares  Organización del Tratado del Atlántico Norte y Pacto de Varsovia  que alimentaban las confrontaciones estratégicas de la guerra fría. Las alturas del Golan, la tupida geografía angoleña y el desierto etiope del Ogaden fueron algunos de los escenarios más conocidos de esas incursiones bélicas.

Pero cuando por suerte para todos los soldados “internacionalistas”, sus familiares allegados y sus casi siempre desconocidos enemigos y victimas cesó el enfrentamiento bipolar y las tropas cubanas dejaron de ser la punta de lanza del socialismo real en el mundo, ni con mucho se agoto la vocación de presencia y trascendencia universal del alto liderazgo dela Isla.

Solo bastó una mínima recuperación sicológica y material del inesperado impacto del derrumbe del bloque del Este y la aparición de nuevos gobiernos dispuestos a recibir la “ayuda desinteresada” para que nuevamente varios miles de cubanos se expandieran por el mundo particularmente dispuestos a separarse de sus familias “es impactante ver con que facilidad tantas compatriotas se alejan por largos meses de sus hijos pequeños” sus queridos alumnos y pacientes para enfrentar realidades, culturas y costumbres nuevas, lejanas y desconocidas en estas nuevas “misiones” que ocupan un lugar privilegiado en los actuales diseños políticos y económicos del gobierno cubano.

Estas nuevas misiones, protagonizadas principalmente por profesionales de diversas ramas “especialistas y técnicos de la salud, profesores y entrenadores deportivos fundamentalmente”  marcan algunas llamativas diferencias con las aventuras bélicas, regulares e insurgentes de los años sesenta, setenta y ochenta.

En primer lugar está el asunto de la difusión y la  propaganda. Si las pasadas incursiones bélicas fueron revestidas de la mayor discreción, secretismo u ocultamiento ¾por solo citar un ejemplo: durante mucho tiempo el máximo líder juró y perjuró que Cuba no participaba en el conflicto que enlutó El Salvador por mas de una década¾ las actuales misiones civiles son objeto de un barraje propagandístico que raya en la saturación. En su afán de demostrar la superioridad de su sistema en zonas sensibles de la vida moderna, la calidad profesional y humana de sus especialistas y sobre todo el pretendido altruismo humanista que lo anima a promover estas “misiones” el gobierno cubano pierde de vista que llega a ser de muy mal gusto recordar con tanta insistencia la ayuda prestada al necesitado o desamparado.

La otra diferencia es que aquellas misiones que pretendían imponer el sistema cubano allende el Caribe o afianzar las esferas de influencia del bloque socialista en regiones  distantes de África, Asia o el Medio Oriente no buscaban un directo beneficio económico “por aquella época de eso se ocupaba la Unión Soviética”, por el contrario esas aventuras eran muy costosas, aunque esos gastos también eran asumidos por la otrora madre patria del extinto comunismo mundial.

Pues ahora resulta que después de una debacle económica tan perfecta que ha llegado incluso a desmontar la industria que construyó esta nación, la exportación de profesionales hacia las naciones hermanas del Tercer Mundo viene a convertirse en una de las principales fuentes de ingreso del país, lo cual lleva al razonamiento lógico de que si los esfuerzos por reproducir la experiencia cubana en otras latitudes hubieran tenido éxito, ahora contaríamos con muy pocos clientes para lo que las autoridades dela Isladan en llamar los servicios especializados que ofrece el capital humano creado por la revolución.

Además de ese debilitamiento de la economía, que hace necesario convertir a los profesionales en objetos de exportación, y los efectos negativos que implica la sostenida sangría de especialistas y técnicos el asunto tiene otras aristas cuestionables: No creo que sea pertinente calificar de misiones estas incursiones laborales especializadas, puesto que la misión es la realización de una acción “generalmente impulsada por una fuerte convicción” para lograr un objetivo, pero que no implica un beneficio material para el que la ejecuta. El cumplimiento de una misión religiosa, humanitaria o militar puede significar un reconocimiento social, comunitario o incluso la gloria, pero no la riqueza o el bienestar económico directo como si ocurre con los “trabajadores internacionalistas” cubanos de esta época.

La historia se esta encargando de juzgar la justeza y pertinencia de las pasadas aventuras bélicas, pero se puede asegurar que los cubanos que marcharon a participar de todas aquellas guerras lejanas, ajenas, extrañas e inútiles iban a cumplir una misión, puesto que al regresar su vida material cambiaba muy poco.

Como muchas cosas en Cuba eso también ha cambiado en los últimos años. La utópica sensibilidad de los primeros tiempos ha dado paso a un obligado y explicable pragmatismo. El alto costo de la vida y la caótica relación que existe entre el talento y esfuerzo desplegado por los profesionales en su labor cotidiana y la pobre remuneración que reciben condiciona la disposición de nuestros especialistas a marchar presurosos a los cerros y aldeas venezolanas, la jungla africana o las heladas montañas de Pakistán seguros que después de la experiencia las condiciones de vida de sus familias mejoraran significativamente, aun cuando el gobierno cubano se apropia de la mayor parte de los resultados financieros de su trabajo.

Es triste que los cubanos más capaces y talentosos necesiten alejarse de su tierra “algunos deciden no regresar” para obtener algo de lo que merecen por su entrega cotidiana, porque estamos seguros que cuando contemos con los derechos, espacios y remuneraciones que corresponden a una sociedad democrática serán muchos los compatriotas dispuestos a dar su aporte desinteresado a las mejores causas, sin ser objeto de ningún tipo de compulsión o manipulación política.

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