¿Esta es tu Casa?


Leonardo Calvo Cárdenas

Historiador y Politólogo

Creo que casi nadie se acuerda de la alegría con que la mayoría de los cubanos recibieron la noticia de la rebaja de los alquileres de las viviendas, decretada a principios de 1959 por el recién estrenado gobierno revolucionario. La muy popular medida estaba encaminada a aliviar la carga pecuniaria de los inquilinos y garantizar el acceso de amplios sectores de la población a una vivienda decorosa.

Parecía  que comenzaba a cumplirse, también en tan sensible tema, lo prometido por el líder de la revolución en su alegato de defensa del juicio por el asalto al Cuartel Moncada en 1953, conocido como “La Historiame absolverá”, en el que aseguró que en Cuba sobraban piedra y brazos para que cada familia tuviera una vivienda decorosa.

Estoy seguro de que el entusiasmo despertado por la naciente revolución y medidas como esta motivaron la acuñación de unas pequeñas placas metálicas de color roji-negro (alegóricos a la bandera del Movimiento 26 de julio) con la inscripción; “Fidel esta es tu casa”, que fueron colocadas en las puertas de entrada de muchos hogares cubanos. Obviamente el pequeño adorno reflejaba el animo generalizado de ver al máximo líder como parte de la familia, pero el agraciado interpretó la deferencia en sentido recto y según sus muy particulares intereses, convirtiéndose de hecho y en poco tiempo en propietario efectivo de cada palacete, mansión, casa, apartamento, accesoria, habitación independiente, bohío, choza o covacha asentada a todo lo largo de nuestro húmedo y caluroso archipiélago.

El caso es que, siempre con el objetivo de afectar por despojo a los explotadores inmobiliarios, fueron sacados del juego por igual los grandes, medianos y pequeños “casa tenientes” para poner en manos del Estado la responsabilidad total de dotar y proveer este bien tan importante y decisivo para la calidad de la vida y las armonías familiar y social.

Así, en un macabro y traumático enroque de controles y hegemonías la sociedad perdió toda posibilidad de aportar al crecimiento del fondo habitacional y por consiguiente al enfrentamiento de un problema capital para cualquier nación, independientemente de su nivel de desarrollo. Por su parte los ciudadanos ¾usufructuarios o nominales propietarios¾ perdieron toda posibilidad de disponer libremente de su vivienda.

A partir de entonces no habrían mas desahucios (desalojos forzosos por falta de pago), aunque sí eventuales decomisos por interés económico o político del gobierno. También es imposible lograr por vía independiente y legal  acceso a una vivienda, el que obtenga una casa es porque “se la dio la revolución”, incluso los pocos cubanos que gozan del privilegio de la total solvencia e independencia económica deben recibir del Estado tan preciado bien; es normal que las autoridades entreguen una vivienda a un encumbrado deportista o a un artista de fama mundial. Si el gobierno debe proveer viviendas a los que con su actividad cotidiana generan considerables beneficios financieros, es explicable que muchos ciudadanos simples sean victimas del ya endémico desamparo habitacional.

Ni siquiera la construcción de viviendas por medios propios en una opción salvadora y generalizable porque, aunque legalmente posible, es económicamente inviable para la inmensa mayoría de la población a causa del altísimo costo del empeño y el bajísimo poder adquisitivo del cubano común.

El monopolio estatal generó la creación de una tupida burocracia encargada de mantener los férreos controles a través de esa compleja urdimbre de trámites y regulaciones, que junto a altos niveles de corrupción hacen más inalcanzable la solución de los problemas.

La ley regula la cantidad de viviendas que una persona puede poseer (2, solo una en la ciudad) y heredar. De hecho, aun para los propietarios la compraventa de inmuebles es una transacción prohibida, otros contratos como la donación y la permuta ¾que pueden enmascarar la venta¾  están sometidos a estrictos controles y restricciones, sin contar que las personas cuando deciden establecer residencia permanente en otro país, junto con el destierro son premiados con el despojo automático de sus residencias. Los ciudadanos que en los últimos años han recibido la autorización oficial para rentar  habitaciones a turistas extranjeros son victimas de astronómicos impuestos confiscatorios.

No solo la posesión y la disponibilidad sino la convivencia son meticulosamente reguladas. Para residir legalmente en una vivienda, aun con el consentimiento del propietario, hay que registrarse en un control vecinal de naturaleza parapolicial, según esta reglamentación hay muchas personas viviendo “ilegalmente” en su casa materna. La ley establece cuantos metros cuadrados necesita cada nuevo conviviente para oficializar la permanencia, espacio vital que no se cumple ni remotamente en las viviendas construidas por el Estado.

Un amigo europeo llegó a un enclave industrial del interior del país siguiendo la pista a las viviendas que un sindicato de su país había ayudado a construir con un fuerte financiamiento y profundo espíritu solidario. El visitante fue sorprendido por el testimonio de los beneficiados que le aseguraron que para obtener y mantener el derecho a las mencionadas casas es necesario demostrar fidelidad política al gobierno y laboral a la empresa.

El desolador cuadro motiva la grave secuela de hacinamiento, promiscuidad y el consiguiente desquiciamiento de la convivencia y la estabilidad familiar. En muchos hogares cubanos coinciden hasta cinco generaciones compartiendo penurias y estrechez.

Las victimas de la estrechez, las penurias, el deterioro y las restricciones son, sin embargo, los privilegiados de esta historia, porque al menos tienen un techo. Aun con el bajo índice de natalidad de los últimos años ¾los cubanos en edad fértil son fácilmente disuadidos de tener descendencia por la realidad socioeconómica y lo piensan mucho antes de traer otro ser al mundo¾ y el significativo éxodo de personas jóvenes que padecemos,  hay un creciente número de cubanos sin hogar.

La muy pobre capacidad constructiva del Estado, ese monopolio sobre la construcción y distribución de las viviendas, que ha limitado en extremo la participación de la sociedad e incluso de los poderes locales en este importante renglón, unido al número, bien oculto pero creciente, de derrumbes parciales o totales y a la afectación que los huracanes de los últimos años han ocasionado en varias regiones del país, son la causa acumulativa del deterioro generalizado del fondo habitacional y el creciente déficit de viviendas que cunde en todo el país.

Las capacidades de albergue temporal ¾para muchos núcleos familias eternizado¾ se han agotado, incluso las “posadas” ¾esos populares moteles que sirven de espacio tradicional a los eventuales encuentros amorosos¾ han sido ocupados por muchas familias que de momento carecen de viviendas y esperanzas.

Para colmo de males, como parte del ya habitual proceso de otorgamiento a los extranjeros de espacios, privilegios y potestades que sistemáticamente se niegan a los cubanos, en los últimos años el gobierno ha impulsado una serie de inversiones  destinadas a construir viviendas confortables y lujosas, a las que los nacionales no tienen acceso, en una especie de apartheid inmobiliario que desconoce un derecho y hiere muchas sensibilidades.

A lo largo de más de cinco décadas el problema de la vivienda se ha hecho más grande y profundo, pero ahora no basta con una simple rebaja de tarifas para enfrentarlo, ni siquiera las personas que cuentan con recursos económicos tienen la posibilidad legal de rentar un lugar para vivir.

Como hace cincuenta años, existen hoy en Cuba suficiente piedra y brazos para enfrentar la agobiante necesidad de viviendas, lo que falta es la voluntad política de las autoridades para poner los intereses de la sociedad y las necesidades de sus ciudadanos por encima de sus afanes de control total y abrir los caminos a la solución gradual, pero definitiva, de una crisis de honda repercusión económica  y humana.  Por lo pronto ya no se ven en las puertas de los hogares cubanos las vetustas placas con la inscripción “Fidel esta es tu casa”: ¿Será que lo que se sabe  no se comenta?

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s