¿Al alcance de todos?


La propaganda comercial en las últimas décadas se ha convertido en uno de los elementos consustanciales de la vida moderna. Los slogans y campañas publicitarias que por todos los medios y vías se avalanchan sobre el hombre moderno con el objetivo de promover y normalizar la necesidad, el uso y el

consumo de las más disímiles cosas forman ya parte inseparable del devenir cotidiano en todos los rincones del universo.

No es secreto que las grandes corporaciones productoras y comerciales del mundo dedican una parte considerable de sus inversiones a la más sofisticada publicidad destinada a motivar el interés y el acceso de los consumidores a los productos y servicios que ofrecen. Cuba no es una excepción en ese aspecto sobre todo desde que los imperativos de la historia e inviabilidad económica del sistema estatista obligaron a las autoridades a acudir a mecanismos económicos capitalistas y dolarizar la sociedad cubana.

Con los nuevos espacios económicos, el intento de impu

lsar la industria turística, los mercados en divisas y las inversiones extranjeras irrumpió entre nosotros también la propaganda comercial al más puro estilo capitalista tradicional que ofrece y estimula a los presuntos consumidores o clientes interesados o necesitados de este o aquel servicio o producto.

El caso es que esa propaganda en el mundo moderno esta dirigida a cada vez más amplios segmentos poblacionales como garantía insustituible del éxito comercial y el nivel de acceso tiene un carácter esencialmente cuantitativo, a saber ¿Cuánto tienes, cuanto puedes?, pero en Cuba ese acceso cambia de dimensión cualitativa puesto que como todos sabemos el único empleador y proveedor comercial legal, el Estado remunera casi t

odo el trabajo en una moneda y vende los objetos y servicios de mayor necesidad en otra.

Moneda y ficha

En Cuba cohabitan dos papeles monedas, uno es el peso cubano tradicional, conocido como moneda nacional, aunque la otra ta

mbién lo es, que depreciada y devaluada por la debilidad económica, el casi nulo respaldo productivo y la dolarización es en la que reciben sus salarios los trabajadores y tiene muy limitado alcance y poder adquisitivo y sobre todo la entrada vedada en los más encumbrados espacios comerciales, de recreación y servicios, sin olvidar los tramites jurídicos legales internacionales y de salida del país. La otra moneda es el peso convertible que el gobierno cambia por toda la moneda extranjera que va a circular en el país a través de parámetros de paridad caprichosos y arbitrarios. En el más puro estilo del feudalismo tardío esta moneda es como las fichas con que algunos latifundistas en el pasado pagaban a los campesinos que explotaban, sólo sirve para comprar en el establecimiento del dueño de todo y no se puede cambiar por dinero real. Muchos turistas siguiendo un razonamiento lógico elemental al arribar a Cuba han cambiado sus monedas fuertes por pesos cubanos para después percatarse que casi todo deben pagarlo en pesos convertibles.

Así las cosas sin tomar en cuenta las limitaciones y carencias estructuralmente impuestas la propaganda comercial de la economía dolarizada se desenvuelve y proyecta como si Cuba fuera un país normal, al punto que a nuestro paso por la ciudad podemos ser sorprendidos por los eslogans publicitarios abarcadores e incluyentes que hacen caso omiso e indolente de la realidad socioeconómica del país.

Al repasar solo unos pocos de los eslogans publicitarios que podemos encontrar a nuestro paso me permitiré agregarle algún matiz que los acerque un poco a esa realidad que tan poco parece importar a los jerarcas políticos y comerciales dela Isla

Vince electrónicos

Al alcance de su mano…si viene cargada de divisas.

 

Helados Pepito

En boca de todos….los que paguen en chavitos

 

Cosméticos Bonabel

La preferida de la familia….dolarizada

 

Cafeterías El Rápido

Con el tiempo a tu favor….si tienes con que pagar

 

Estos son sólo unos pocos ejemplos que nos dicen como adquieren imagen y letra las desigualdades que caracterizan a la sociedad cubana más allá de desfasados discursos oficiales.

No imaginaron los aborígenes que mostraron a los descubridores la excelencia del autóctono tabaco que un día gracias a las bondades de la economía planificada en Cuba seria imposible obtener un cigarro puro de calidad en moneda nacional.

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