Premio Tolerancia Plus 2012: Ceremonia de Entrega Colectivo Damas de Blanco Laura Pollán


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¿Por qué el Premio Tolerancia Plus al colectivo Damas de Blanco Laura Pollán? Porque han demostrado, por primera vez en la historia de Cuba, la pobreza moral del poder a la mayor altura ideal: la de la tolerancia digna ante el perpetrador de humillaciones. Lo que precisamente sugerían Mahatma Gandhi y Martin Luther King.

Recordemos este dato. La cultura política cubana perdió su suelo ético en cualquier periodo situado entre 1902 y 1959. De esta última fecha a acá solo quedaba éticamente en pie, en el terreno político, la idea de que la violencia habría sido el rústico camino impuesto por esos hombres de fuerza que negaron puntillosamente el contrato cívico y civilizado de José Martí.

Este nos enseñó que la guerra necesaria contra la España de entonces debía y podía ser una que no estuviera guiada por el odio al enemigo.  ¿Pero es en verdad posible esa utopía ética de la guerra sin odios?  La respuesta en Cuba ha dependido siempre de una elección, como demostró José Maceo ante el horror causado por el uso de la dinamita. Y si las guerras físicas no pueden desterrar el humor y la pasión destructivos, la mejor elección de Cuba, la única que permitiría reinventar un país a partir de sus miserias históricas, fue y es la que negaba y niega el legado de violencias, y se aferraba y aferra al legado pacifico de las ideas. ¿Quiere decir que no había violencias supuestamente legítimas en la Cuba que nos antecede?  No, pero nuestras violencias disparaban en el terreno de los violentos. Nunca atacaban ni a las ideas ni a la mujer.

 La violencia es inmoral cuando invade estos dos lugares: el de los intercambios reflexivos y el del cuerpo maternal. Intentar destruir por la violencia los pilares de la vida civilizada y la expresión femenina de los derechos—que como todos sabemos requieren del encuentro libre y público de las ideas, fundado en el respeto incorporado hacia la mujer—ha desmoralizado el imaginario decente en el ejercicio del poder político en nuestro país. Cuba es hoy una zona inmoral justo, y no solo, porque su gobierno desborda violentamente los límites públicos de la civilidad y los límites éticos de esa figura poética que es la mujer.

Las Damas de Blanco reflejan como víctimas esta doble violación, y algo más: la desmoralización misma de las referencias morales que desprecian y deslegitiman la violencia en el día a día de nuestra convivencia.  Hay violencia por doquier: en el lenguaje, en la vida doméstica, en la gestualidad, en el ritmo, en los himnos, entre los jóvenes y en la proyección psicológica de nuestra sociedad. Incluso desde y entre religiosos. Esa violencia extraña de todo y contra todos comenzó a cualquier hora después de 1959 cuando se instaló en el poder el irrespeto a lo que nos hace seres éticos: la diferencia, provocando con ello el desvanecimiento de lo sólido que quedaba de civilidad y decencia cubanas.

Es por eso que la capacidad de resistir pacíficamente en Cuba una violencia ejercida en nombre de las certezas morales del régimen tiene el triple mérito de desnudar al Rey moral de la llamada Revolución, de demostrar que la decencia y la civilidad no están muertas a pesar de ella, y de mostrar la hipocresía de los combates retóricos.  Y esa capacidad tiene un nombre en nuestro archipiélago: Damas de Blanco.

Escuchen lo que sigue. Dicen que en Cuba, ahora mismo, hay una campaña contra la violencia de género. Y cabe la pregunta, con asombro: ¿cuándo va a comenzar la campaña contra la violencia genérica? ¿Es posible combatir la violencia de parte sin eliminar la violencia del todo? ¿No son mujeres las Damas de Blanco? Y así, así, llegamos a lo peor: a la instrumentalización violenta de la mujer contra la mujer en nombre de la Revolución. Porque para eso hay una Federación de Mujeres Cubanas, ligeramente machista, y por eso no hay un potente movimiento femenino que haría impensable siquiera que unos machos alfa concibiesen fríamente un diseño que contemple la probabilidad remota de maltratar a una sola mujer. Y por cierto, si Cuba fuera coherente con su tradición, ese movimiento femenino estaría cumpliendo, este 2012, 100 años de fundado.

Tolerancia Plus a las Damas de Blanco aparece frente a este cuadro espeluznante, a partir del cual se puede pintar un cuadro mejor de esperanzas.  Ustedes tienen muchas y diversas historias que contar en materia de violencia de género. Las invitamos a que escriban sus testimonios para perdonar, pero no olvidar. Creemos necesario recordar, entre todas, una historia reciente de violencia particularmente triste. Tiene un nombre: Vivian Peña y  una consecuencia: la destrucción de su muy humilde casa, hasta sus precarios cimientos, en medio de la furia roja desatada.  Nunca se entenderá cómo un régimen puede hacer añicos y reducir a nivel de la tierra  —de tierra viene también terror—  el hábitat de una familia solo porque esta no coincide con sus infortunados puntos de vista sobre la vida humana. Ante la familia de Vivian Peña, una mujer humilde, debió detenerse la maquinaria de destrucción violenta de una Revolución que dijo nacer de los humildes, con los humildes y para los humildes. El terror contra los que en el pasado tenían algo parecía, sin serlo, un acto de justicia histórica a favor de quienes constituyeron, sin que se les reconociera, el atlas de una nación. Y el terror contra los que en el presente nada tienen, desde los que lo tienen todo, ¿qué es? Eso: un gesto ritual de profunda miseria humana degradada.

Pero no todo está mal. En las Damas de Blanco puede verse, hoy, lo que percibimos ayer los de mediana edad en la generación de nuestros abuelos: que la decencia arraiga de verdad en los más humildes: en los que menos saben y nada tienen. Tolerancia Plus asciende desde ustedes.

Comité de Otorgamiento

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